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Y nos dieron las diez

A todos nos dieron algún abrazo que el tiempo convirtió en mentira y todos escuchamos palabras, muchas, que sin duda no decían lo que entendimos o quizá caducaban en el día y no lo supimos ver. Sin embargo siempre nos queda eso de, ¡qué feliz fue hacerte feliz!, qué poco rentable claro, pero qué feliz.

Lo escribió Rilke, “Deja que todo te pase, la belleza y el terror, solo sigue andando, ningún sentimiento es definitivo”. La verdad es que el terror lleva mucho rato siendo visible, pero la belleza está costando más encontrarla y si lo hacemos, a ver quién se arriesga a dejar que todo le pase.

Ya mirábamos poco y ahora nos vemos a medias, evitamos el mínimo roce, damos pésames por whatsapp y lo de un pitillo a pachas ahora tiene multa doble. Repetimos desde hace meses las mismas frases; con mascarilla no te oigo, con mascarilla no se reconoce a nadie, y dudo mucho que antes estuviéramos tan cerca como para permitirnos el lujo de ahora alejarnos tanto.

Nos quedan nuestros convivientes claro, va a ser que al final esto iba de convivir. Ojalá que ellos crean que (nos) eligieron bien, que el espacio no se les haga pequeño, que sepamos sonreírles bonito, buscar su atención y encontrarla; para que cuando nos den las diez, las once o las doce pensemos, estoy a salvo.

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