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Francisco García Pérez opinador

Series, Mauregato y algunas curiosidades

No solo de lecturas se ha hecho el hombre

Series, Mauregato y algunas curiosidades

A ver si no voy a poder yo recomendar series televisivas o de plataformas que distraigan confinamientos y otras soledades, pues no solo de lecturas se ha hecho el hombre. (Me abstengo de comillas en los títulos: a lo inglés). Ahí va una docena: Juego de Caballeros no es solo sobre fútbol: lucha de clases en la clasista Gran Bretaña del XIX. Defending Jacob o lo que hace un padre por un inquietante hijo (pleonasmo): crimen y tribunales. Unortodox: una fuga en una asfixiante comunidad ultrajudía, es decir, la vida de una disidente. La Línea Invisible: el origen de ETA: para comparar con Patria. The Good fight: canela en rama, ese bufete, esa Christine Baranski. El Incendio: nada es lo que parece o sí, como en Criminal. La Unidad: entretenimiento, mucho rodaje con drones; pero sale Luis Zahera. El colapso o las consecuencias de una catástrofe mundial: breves episodios, acongojante. Talking Heads, colección de monólogos de gente algo desequilibrada, excelentes interpretaciones. The outsider: Stephen King asustando. Total: unas cien horas de pantalla.

Dice la prensa que en los Países Bajos estrenarán el año próximo (pandemia mediante) un musical sobre Johan Cruyff. O sea, que el género está vivo. Así que con más alegría leo, canto y canturreo el libreto para musical Mauregato, cuyo autor es el abogado, expresidente del Principado, articulista y escritor de FARO DE VIGO Pedro de Silva. El protagonista es el patito feo de la monarquía asturiana: el rey que quiso pactar fascinado por la cultura árabe y no guerrear. Ítem más, se nos presenta como un monarca en amores con una xana. Asimismo, completan el libro una nota de los editores, un prólogo del autor, una entrevista al mismo (de Saúl Fernández) y unas finales instrucciones de (posible) montaje precisas a más no poder. Ítem más, con humor, como cuando Adosinda corta en seco la aterradora locuacidad delirante del Beato de Liébana: “Beato, por favor, deja ahora el Apocalipsis, o no acabaremos de centrarnos en el asunto”. También, con máximas: “Puede uno escapar de todo, menos de uno mismo, que está hecho de lo que ha pasado”. En fin, unas horas de música (el lector se la puede crear) aplicada a la historia de De Silva, quien no para de arriesgar por más que pasen los años y quizá gracias a que pasan los años. Leo, canto o canturreo: “Esta es la historia, una historia sin héroes ni gestas, al gusto de los árboles, y a mi propio gusto, que ha abjurado ya para siempre de su antigua pasión por las gestas”.

Para hacer llevadero un hipotético próximo encierro, valdría el libro Ya está el listo que todo lo sabe, de Alfred López, con una curiosidad para cada día del año. Nos divertiremos, por ejemplo, al saber cómo la reina Isabel II suplicó al folletinista Antonio Flores que le adelantase el final de cierto novelón por entregas que la tenía en ascuas. He aquí la respuesta: “Majestad, lamento no poder complaceros, pero ni siquiera tengo yo idea de cómo voy a salir del enredo que he tramado. Eso sí, en cuanto lo averigüe, os lo comunicaré de inmediato”. O conoceremos el fino pico de oro del político inglés del XIX Disraeli cuando ejemplificaba la diferencia entre desgracia y catástrofe aprovechando para meterse con su enemigo parlamentario Gladstone: “Si Gladstone cayera al río Támesis y se ahogara, eso sería una desgracia. Pero si alguien lo sacara del agua, eso sería una catástrofe”. No cita otro gran pico, Churchill: “A menudo me he tenido que comer mis palabras, pero debo confesar que es una dieta sana”. O aprenderemos que la expresión “no hay tu tía”, que tanto usamos para describir la imposibilidad de algo, es en realidad una malformación del dicho “no hay atutía”. La atutía es un óxido de cinc con el que se hacía un ungüento medicinal que, al parecer, todo lo curaba. De modo que no había tu tía si no había atutía.

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