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Es probable, conociendo cómo se las gasta el presidente Sánchez con los socios que no le resuelven la aritmética, que la exigencia de la Portavoz Nacional del BNG, señora Pontón, de conseguir para Galicia una millonada en el reparto de los fondos europeos se quede en agua de borrajas. Y no es que doña Ana carezca de razón: ocurre que con un diputado solitario en la Cámara no ha de descartarse que contra su “vicio” –que no lo es– de pedir se le responda con la “virtud” –aún menos que lo otro– de no dar. En tal caso, exigir sería como hacer pan con unas obleas.

Su señoría ha de disculpar el escepticismo de esta opinión –personal, como siempre–, pero es que los precedentes no animan a otra esperanza. Cumple recordar que cuando el representante nacionalista gallego en el Congreso apoyó al Gobierno –previa promesa de Adriana Lastra, la inefable portavoz del PSOE– no le dieron ni las gracias, y por supuesto tampoco lo de la gratuidad de la AP-9 que el señor Rego –don Néstor–, anunciara en su momento. Y aunque es cierto que en política no hay valores que cien años duren, con este Gobierno apenas llegan a un lustro.

(Sí fue interesante, incluso en tiempos tan turbulentos como estos, la decisión de la lideresa del Bloque de asumir su papel de jefa de la oposición. Lo hizo cuando el Parlamento decidió, no sin bronca, reabrir el asunto de la forzada fusión de las cajas de ahorro, y con su habitual habilidad sobre todo ante el ocasional orador del PSOE, cuyo partido apoyó al PP en el triste proceso. Pero doña Ana, aunque brillante, empleó la memoria selectiva, y este hándicap le restó credibilidad: buena parte del nacionalismo gallego coincidió con los otros dos partidos).

Sea como fuere, por precedentes u olvidos, es por lo que quien escribe no alberga esperanza de que prospere la exigencia para el reparto de dinero europeo. Y, añadido desde la memoria integral, no estorbaría que el BNG llegase a un acuerdo –siquiera de mínimos– con el PPdeG para trabajar juntos donde no conviene separarse. Y, ya puestos procede el recordatorio de unidad, lealtad y –casi– fraternidad que los tres grupos de la Cámara autonómica hicieron hace poco. Con dos bastaría para una aritmética cualificada y un peso político mayor, pero son preferibles los tres; no siempre lo mejor es enemigo de lo bueno.

Como suele decirse en estos casos, lo que sea sonará. Pero hay aún otra reflexión procedente: los tiempos que se viven exigen abandonar la retórica y mojarse el trasero –con perdón– a la hora de sacar el país adelante. Por eso nadie pueden permitirse el lujo de buscarle tres pies al gato o dejar para mañana lo que se necesita hoy y con urgencia. Cualquier persona sensata se daría cuenta de que el electorado tiene memoria –las dos: selectiva e integral– y quizá convendrían utilizarla cuando llegue el momento.

¿Eh...?

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