Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Luis M. Alonso.

La deshonra política

Para quienes no se han dado cuenta todavía de la degradación que sufre la política en manos de nuestros políticos, ahí tienen el ejemplo de la moción de censura de Vox. Es, a la vez, una prueba flagrante de oportunismo y de inoportunidad. Oportunismo, porque la moción no tiene ni una sola posibilidad de prosperar; solo se justifica por la necesidad histérica del partido de Abascal de levantar la voz y poner en evidencia al PP para suplantarlo al frente de la oposición. Inoportunidad, porque el duro y difícil momento que vive el país no puede ser más inapropiado para este tipo de retórica partidista. Si se busca un retratado, no se preocupen todos que van a salir en la foto. No solo Casado, que permanece en el centro de la diana como una víctima propiciatoria, sino también el resto. Este debate indecoroso, en la situación en que se plantea, los retratará a todos. A los autores de esta moción imposible, al resto de la oposición cautiva de votar no o abstenerse frente al problema mayúsculo que encarna este Gobierno, que ya merecería haber dimitido en bloque por su incapacidad, y al propio Sánchez, decidido a sacar tajada de la censura que se merecen él y los ministros de su gabinete.

En cualquier caso, lo que menos debería preocupar a los españoles en las angustiosas circunstancias que vivimos es quiénes vayan a salir peor parados de este simulacro lacerante. Con su pan se lo coman, están acabando con la paciencia de los más pacientes. España registraba ayer 13.873 nuevos casos de contagio por coronavirus y 218 muertos de una pandemia incontrolada. Debido a sus efectos, el país se empobrece de manera vertiginosa, y seguimos sin ver la luz al final del túnel. Crece el desprestigio de nuestras instituciones, mientras la Comisión Europea extrema la vigilancia sobre el asalto al poder judicial. No pueden ir peor las cosas y, sin embargo, nada garantiza que no vayan a torcerse aún más.

Compartir el artículo

stats