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historia de deza

Dos siglos de hermandad en Donramiro

Las cofradías del Santísimo Sacramento nacen con el fin de que nunca cesase el culto a Cristo presente en la Eucaristía. Las cofradías eucarísticas comienzan a extenderse a finales del siglo XIII por Europa. Entre los fines principales de sus miembros figuraban la adoración de la Eucaristía, el acompañar al Viático a los moribundos con lirios encendidos, asistir a una misa y procesión con el Santísimo y recitar algunas oraciones.

A partir del Concilio de Trento estas cofradías se fueron difundiendo por diferentes países, entre ellos España, a lo largo del siglo XVI y siguientes. En la feligresía de Donramiro se fundó probablemente a finales del siglo XVII, la primera referencia aparece en el Libro de Cuentas de la Cofradía, conservado en el Archivo Diocesano del Obispado de Lugo, que data de 1697 y termina en 1898. El 3 de agosto de 1741, el cura párroco de Donramiro y anejos, Manuel Bernardo Enríquez de Yebra, recogió y asentó en dicho libro las constituciones de la cofradía, que fueron aprobadas el 26 de agosto del mismo año por el obispo de Lugo, Cayetano Gil Taboada, durante su estancia en San Miguel de Goiás, donde se encontraba, probablemente, pasando las vacaciones de verano en compañía de su pariente Andrés Sarmiento Villamarín, cura de dicha parroquia y de San Cristóbal da Pena.

Cayetano Gil Taboada, en su escrito de aprobación, decía: " En cuanto no se apongan a su Jurisdicción Ordinaria, las aprobaba y mandaba a los cofrades que son y fueren de esta cofradía, las observen, guarden y cumplan sin ir contra ellas, ni su señor en manera alguna, sin licencia expresa de su Señoría Ilustrísima y que este libro (de Cuentas) anualmente se presente en las Visitas, con las cuentas ajustadas, expresando las partidas de su cargo y data con claridad y distinción y sacando en limpio el final alcance que de ellas resultare para su inspección, reconocer el listado en que se hallase, así lo proveyó y firmó su Señoría Ilustrísima en San Miguel de Goias a 26 de agosto de 1741". En el libro de cuentas dejan de realizarse asientos en 1863, siendo mayordomo Felipe Gómez de Donramiro y párroco, José Brandido. La causa de que esta cofradía desapareciese fue, con toda probabilidad, que en 1882 se fundó la Cofradía de Nuestra de Señora la Vigen de Montserrat, siendo cura Laureano Guitián Rubinos, que congregó una gran cantidad de cofrades de toda la comarca e incluso de fuera de ella.

Las constituciones comienzan recordando que los feligreses de Santa María de Donramiro aprueban la Cofradía del Santísimo Nombre de Jesús, fundada hacía mucho tiempo, y prometen pagar una limosna para su sostenimiento: unos hermanos pagarían un ferrado de trigo anualmente o seis reales en dinero y un real más -a estos se les asistía en la administración de los Santos Sacramentos y en los funerales, con cera entera-; otros hermanos abonarían medio ferrado de trigo o tres reales vellón y otro real más cada año -se les daba media cera-; algunos pobres, por no tener agricultura, pagarían dos reales vellón al año y recibían la tercera parte de la cera; y a los pobres de solemnidad les asistiría la cofradía según su posibilidad.

Dentro de los ocho primeros días, siguientes a la fiesta principal, el mayordomo estaba obligado a ir a la casa del cura a ajustar con él las cuentas de la cofradía del año correspondiente y tenía que responder con sus bienes si faltaba dinero; y dentro de los dichos ocho primeros días, también, debía nombrar otro mayordomo. El cura, con aprobación y consejo de los cuatro vecinos mayores, debía nombrar un depositario, a quien el mayordomo tenía que entregar el dinero, la cera y las alhajas de la cofradía, a cambio de darle un recibo de todas las partidas que entregaba. Para guardar la cera y las alhajas, la cofradía debía tener un arca segura en la sacristía o en otra parte que el cura considerase más a propósito en la iglesia; la llave estaría en poder del depositario. Este cargo duraba por el tiempo que quisiera el señor cura que fuese. El depositario no podía emplear ni prestar ningún dinero o alhajas de la cofradía, sin consentimiento del cura y, si lo presta, tenía que ser siempre sin riesgo de que se perdiese el dinero.

Obligaciones de los cofrades

Cada año, se celebraría la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús, en su día propio o en otro que le pareciese más cómodo al cura dentro de su octava. Debían asistir ocho sacerdotes, nueve con el párroco, los cuales antes de la misa y procesión tenían que confesar a todos los hermanos que lo pidiesen y cantar una vigilia por el alma de los difuntos. A la misa asistirían todos los hermanos con velas encendidas y en la procesión debían ir alumbrando ocho de los más viejos, cuatro a cada lado del palio en que iba el Santísimo Sacramento. Con el dinero de la cofradía se daba de comer y pagaba a los sacerdotes, músico (un gaitero) y sacristán, además de comprar la cera y el incienso. Del importe de todo lo gastado tendría que dar cuenta el mayordomo al cura y quedar recogido en el libro de cuentas para ser revisado por el visitador del Obispado.

Cuando se llevase el Viático a un hermano enfermo, debían asistir todos los hermanos que pudieran acompañar a su Divina Majestad, con velas encendidas e ir en forma de procesión, rezando a coro una estación al Santísimo Sacramento, pidiendo por dicho hermano. A las exequias han de asistir todos los que puedan -en procesión, detrás de la cruz y estandarte de difuntos- a buscarlo a su casa, rezando por el camino en voz baja, un tercio del rosario a María Santísima, que aplicarían con las misas que oyeren y demás buenas obras de aquel día, por el alma del fallecido. A este lo traerían a la iglesia los hermanos que señalase el mayordomo y junto al féretro le alumbrarían doce hermanos de los más viejos con velas, seis a cada lado y todos procurarían confesarse y comulgar el día del entierro y en las fiestas principales de todo el año y ser muy devotos de las Benditas Ánimas del Purgatorio, asistiendo con piedad a los funerales.

Todos los hermanos de la feligresía de Donramiro debían prometer cumplir y guardar estas constituciones de la Cofradía del Santísimo Sacramento, bajo cuya protección y amparo deseaban vivir y morir, y si no, ser amonestados por el señor cura. Por último, piden al obispo de Lugo se digne aprobarlas, las mande cumplir y que no puedan variarse sin su consentimiento, ellos las aceptan y firman con el señor cura, los que saben y por los que no saben las firma el cofrade Benito de Ferradás.

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