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Javier Cuervo.

Un millón

Javier Cuervo

Nadal y la tristeza

Cuanto más excepcional es lo que logra Rafa Nadal, más corriente es lo que le pasa. Después de ganar 12 veces el torneo de Roland Garros se vuelve excepcional ganarlo 13, pero consigue el decimotercero porque lo normal para Rafa Nadal es ganar. De 16 veces que disputó el torneo, 13 mordió el trofeo. Nadal ha hecho del mérito una rutina y se nota cuando dice que está contento, pero limitado por la tristeza que hay en el ambiente por culpa de la pandemia. Además del tenis, el campeón ha cultivado la empatía y las relaciones públicas, pero no lo habría dicho al conseguir su primera copa.

Al contrario que a Rafa Nadal en Roland Garros, a los ciudadanos el coronavirus nos ha convertido la rutina en mérito. Conseguir lo de siempre es excepcional, lo normal es perder y por eso hay tristeza en el ambiente. Ahora que se analiza y mide todo a nivel microscópico se acabará descubriendo el virus de la tristeza que se transporta en aerosoles mil veces más pequeños de lo que es mil veces menor que una gota. Esos aerosoles de la tristeza quedan suspendidos en el aire y tardan horas en caer al suelo. Estamos viviendo entre el drama y el suspense. Los suspiros son los estornudos de este virus que no se detiene a los dos metros y se va a buscar mucosas a las que adherirse y producir los síntomas de ahogo y lagrimeo.

Hay tristeza en las casas de los ancianos que apenas salen desde marzo, en las separaciones obligadas por precauciones y confinamientos, en las limitaciones sociales, en la destrucción de expectativas, en la pobreza asociada, en la desatención administrativa, en respirarse los propios pensamientos tras la mascarilla y en las desgracias que, ahora, permanecen más tiempo en suspensión por falta de distracciones que dirijan la atención hacia otra parte. La tristeza tendrá que empezar a ser tomada en consideración porque hay que atenderla cuando se prolonga. Los que están en la política deberían tenerlo en cuenta por los contagiados y por los asintomáticos y, si no bastara con esos, por los que ante un estímulo de tristeza reaccionan con enfado.

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