Cada día parece más claro que a la coalición que se encarga de la gobernanza en España le va lo de vivir en el alambre. Cierto que como para defenderse disparan con pólvora del rey -aunque son republicanos- y pasan la factura a las arcas públicas, por ahora no les inquieta. Y eso que a los gobernados se les acumulan los misterios, desde cómo se pagará la gigantesca deuda estatal o van a equilibrar el déficit hasta qué harán para cumplir los requisitos de Bruselas cuando reclamen los fondos de la UE para el Covid y la reconstrucción económica. Porque allí no se fían ni un pelo.

El último caso es el asunto del techo de gasto, que parece en principio más ficticio que real, y a la vez arriesgado, porque contempla cantidades europeas compensatorias que aún están en la nebulosa de cuándo, cuánto y cómo será el reparto. Y, sobre todo, contribuye al misterio como herramienta ya que no se conoce el total de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, ni su desglose, ni lo que se piensa obtener como ingreso -aparte lo de la UE- y en qué conceptos. De ese modo, en Moncloa ganan tiempo, restan argumentos a la oposición y siguen a decretazos.

En este punto, y al citar a la oposición, no queda otro remedio -y no para "empatar" en críticas a unos y otros- que insistir en la ausencia práctica de la que el PP representa. Y no ya solo por el. desprecio que roza lo antidemocrático con que la tratan el Gobierno y sus socios, sino por el papelón en que lo ha situado la moción de censura de Vox: no podrá votarla -aunque tenga motivos- porque haría de subalterno, y habrá de modular sus críticas a Sánchez en el debate para no parecer un calco de Abascal, así que Casado habrá de practicar un esfuerzo de imaginación para el que ahora mismo no parece bien dotado.

Claro que esa es la política que se lleva aquí: la bronca por la bronca y ni una solución de la que piden las gentes del común, que exigen al menos voluntad de acuerdo. Y como ahora ya no se puede alegar que los asuntos no son de poco interés, porque se trata de las vidas y haciendas del personal, lo que requerirían las circunstancias es exactamente lo que no habrá: generosidad, voluntad real de acercamiento y búsqueda razonable de salidas a los problemas que por el interés de todos exigen respuesta colectiva. O sea, justo lo contrario de lo que hay.

Al mencionar los presupuestos, y en términos de Galicia, hay creciente inquietud en sectores económicos, sociales y laborales sobre todo después de que el presidente Feijóo afirmase que, sin los del Estado, se retrasarán los de la comunidad. Y son lógicas tanto la preocupación como la advertencia, pero que lo sean no evita los perjuicios. Ni los prejuicios: tal y como se desarrollan los asuntos de la res publica española, es indiscutible que las cuentas generales para 2021 se verán condicionadas por los nacionalistas catalanes y vascos, a los que el Gobierno deberá abonar al contado y en especie las facturas que le presenten por su apoyo. Y eso significa que habrá menos para los demás y que este antiguo Reino, por ejemplo, tenga que resignarse. Lo que supondría quedarse atrás en no pocas cosas importantes: justo lo contrario de lo que proclaman Sánchez y compañía. Pero a ellos les da igual.

¿Eh??