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Matías Vallés.

Al Azar

Matías Vallés

Los 100 influyentes no españoles

"Time 100" abrevia la lista del centenar de personas más influyentes del planeta, condensada anualmente por el semanario estadounidense. La relación se yergue como un farallón que resiste al arrinconamiento de la prensa de masas, el honor figurará de modo permanente en el encabezamiento de los currículos de los receptores. Aunque la selección dista de ser exhaustiva, viene adornada por la variedad y el exotismo suficientes para que no introducir a un solo compatriota avergüence al país menospreciado.

Pues bien, la lista anual renueva su tradicional compromiso con la exclusión de un país entero, o de una península completa al abarcar a Portugal, del nomenclátor de un centenar de luminarias mundiales. España vuelve a incurrir en la irrelevancia global. La ausencia no es frívola ni trivial, implica que los españoles no tienen hacia quién mirar en otro de los capítulos más duros de su historia.

La lista de los cien influyentes no españoles desborda los límites de los personajes marcados por la bondad o el altruismo. De ahí que se pueda compatibilizar a Biden con Trump, o a Bolsonaro con un homenaje a la fallecida magistrada Ruth Bader Ginsburg. Aunque en esta edición se ha soslayado a los genocidas manifiestos, la amoralidad del repaso ampliaba la probabilidad de la inexistente participación española. Se puede esgrimir la hegemonía estadounidense entre los nominados, pero este sesgo no impide la selección de representantes de una cuota apreciable de países latinoamericanos o africanos, por no hablar de la creciente presencia asiática.

"Time 100" no peca de machismo, porque 54 mujeres han ascendido al Olimpo planetario, una proporción que ahonda el dolor del olvido. A falta de una mínima representación, seguro que España es el país en el que más gente conoce a un vecino que debería figurar entre los elegidos. La autoconfianza no siempre se ve recompensada, en una reedición de los estudiantes norteamericanos que obtienen resultados deplorables en test de matemáticas pero se consideran los mejores en dicha asignatura. De ahí que los finos analistas patrios llorarán la injusticia de que su médico o gurú no engrose la lista.

La reivindicación de la gloria planetaria no reconocida ha encelado ahora mismo a España contra la probable injusticia de la exclusión del Nobel de Química a Francisco Martínez Mojica. Se consolida así la ausencia de un solo premiado sueco en disciplinas científicas a lo largo y lo ancho de los centros de investigación o académicos de la geografía nacional. Si español es quien vive y trabaja en España, por adaptar la definición de Jordi Pujol, cuesta otorgar esa adscripción a la gaditana Anne Hidalgo. Glosada por Al Gore, la alcaldesa de París figura destacada entre los "Time 100", otro trampolín de la nativa de San Fernando para despejar su camino hacia la presidencia de toda Francia.

Los méritos de cada uno de los "Time 100" son enumerados por otra figura estelar de su ámbito. Por este resquicio se cuela el cocinero español José Andrés, que evoca los logros de su colega mexicana Gabriela Cámara. De nuevo, la conexión es indirecta y a través de un profesional indiscutible, pero solo reconocido con justicia porque se ha instalado en Estados Unidos. De acuerdo con la idiosincrasia española, la tentación de descalificar el listado se impondrá al propósito de enmendar la ausencia sistemática. En tal caso, debe procederse a una refutación a lo grande, del estilo de qué sentido tiene una relación que omite al Papa Francisco.

Por desgracia, "Time 100" no constituye una excepción hispanófoba. La desconsideración se propaga a otros intentos de sistematizar a los seres humanos sobresalientes. Las revistas "Prospect" y "Foreign Policy" apadrinaron una clasificación heterogénea de los intelectuales más renombrados del planeta. Otra vez, la participación española se mantuvo dentro de los límites de lo exiguo o nulo. Dada la hostilidad casi unánime que ha polarizado en el seno del Gobierno, conviene recordar que Manuel Castells es quizás el único representante de la actualidad autóctona con menciones abundantes en la bibliografía internacional. A partir de ahí, las citas se remontan a Ortega o Unamuno.

La consolación procede de las referencias indirectas a cargo de los premiados. Jacinta Ardern engrosó los "Time 100" tanto en 2018 como 2019, de acuerdo con su papel de revelación mundial acentuada con la gestión neozelandesa del coronavirus. Cuando le preguntaron por el estadista mundial que más respetaba, la primera ministra del país austral señaló a un tal "Peter Sánchez". Puede ser el primer paso para que un gobernante español acceda al codiciado ranking.

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