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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La vergüenza

A simple vista, lo que está ocurriendo en Ourense capital supera ya el esperpento político y se acerca cada vez más a un cómic made in USA cuyo protagonista no es un "Superman", sino tres. Para impedir errores, no estorbará especificar que se trata del señor alcalde Pérez Jácome y los dos ediles que le siguen siendo fieles. A su persona, porque lo de la lealtad programática es un invento para ver cuántos electores ingenuos "pican". Y no solo con Democracia Ourensana, sino con el PP, que fue quien colocó al regidor donde aún está a cambio de presidir la diputación.

Ocurre que a esa procesión de inconsecuencia se une ahora el turbulento PSdeG-PSOE local, ausente de una reunión en teoría convocada para buscar una salida razonable. Que existe en la propia ley -si no hay mayoría absoluta en primera votación consistorial accede a la Alcaldía el cabeza de la lista más votada, que es la socialista-, previa la dimisión o el cese por censura o condena del hasta ahora titular. Mientras, todos menos el BNG, que dejó claro desde el principio que estaba por la fórmula legal, juegan a la política de salón, como si fuese una partida de póker.

Hay más. Mientras todo esto pasa en el ayuntamiento, la ciudad y su población están confinadas y desde el Sergas ha sido calificada como una "bomba vírica", declaración quizá bien intencionada, pero que no contribuye a la serenidad. Y en el Parlamento, el portavoz del Grupo Socialista le pregunta al señor Feijóo sobre los tratos postelectorales con Jácome, olvidando que su partido intentó también pactar con él, sin éxito, mientras el presidente le endosa la cuestión a J. M. Baltar, presidente del PP en aquella provincia. Parece de locos, pero es de políticos.

Una cosa parece clara: el espectáculo es una vergüenza, con todo el mundo escurriendo el bulto y los ourensanos a la espera de si algún juez decide anular, como en Madrid, las restricciones impuestas para intentar que el Covid no se extienda. Entretanto, las graves acusaciones vertidas por excompañeros contra el alcalde siguen sin esclarecerse. Y eso pasa en una ciudad que además de la inestabilidad en la gobernanza y gravedad de la pandemia, tiene muy serios problemas tras un verano abundante en fuego forestal y dudas acerca del futuro de sus infraestructuras.

Esto que sucede en Ourense -la capital, pero no solo- es, como queda dicho, un ejemplo no tanto de un defecto del sistema cuanto fruto de la desvergüenza y la mediocridad de algunos de los que ahora mismo lo protagonizan. Y demuestra también la urgencia de una reforma en la Ley Electoral, que al hacer a los votados en las urnas propietarios de sus actas, los convierte de paso en espúreos administradores de lo que creen "su" demarcación, incluyendo a los votantes. Lo que importa de verdad a los que ejercen así la responsabilidad pública no es servir a la comunidad, sino servirse de ella a la menor oportunidad.

¿No...?

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