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Una tertulia variopinta

Las tertulias pontevedresas, de larguísima tradición, no solo se organizaron en los cafés o en las reboticas; también las librerías resultaron un buen lugar de encuentro para el parloteo amistoso. El primer Luís Martínez gozó de una tertulia tan numerosa como variopinta, y un jovencísimo Valentín Paz Andrade, aprendiz de cronista entonces, dejó en 1917 una glosa impagable de su ambiente distendido en el periódico local La Provincia, tras zascandilear de unas a otras.

"Adéntrome -contó con viveza- sin pedir licencia a sus mercedes los contertulios del librero. Platican allí un coronel retirado; un organista; un espigado setentón de nevada barba; un catedrático que discurre muy lindamente sobre Geografía e Historia; un ferviente amateur de la música y eminente guitarrista; un capitán director de militar escuela; el bardo de las luengas trovas y olvidadas musa, que perezosamente se acoda en el mostrador y un popular humorista de bufonesca faz y barba corte cervantino".

Paz Andrade no identificó a nadie en la tertulia para escribir con mayor libertad y reseñó un debate sobre regionalismo bruscamente zanjado con un brindis final de versos humorísticos para evitar males mayores.

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