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Escaparate cotizado

Apenas abrió sus puertas al público, el primer Luís Martínez sorprendió a propios y extraños con una insólita exhibición en su gran escaparate de Curros Enríquez, que dio que hablar y que llamó más la atención de los pontevedreses que cualquier producto comercial.

La muestra se centró en una magnífica cabeza de jabalí de feroz aspecto, que había sido disecada con gran realismo por el practicante Francisco Moya. A su lado, un cartel informaba que la pieza había sido cobrada semanas antes por Eugenio Montero Villegas -hijo de don Eugenio y afamado -sportman- en la isla de Tambo, de su propiedad familiar por aquel entonces.

Algún tiempo después expuso también con mucho éxito dos hermosas fotografías tomadas por Lorenzo Novás en el Museo Arqueológico (Ruinas de Santo Domingo) a iniciativa de Casto Sampedro, que mostraban el cañón de la heroica batalla de Pontesampaio, así como otro cañón y las anclas del no menos célebre combate naval librado en aguas del estrecho de Rande. Entonces comenzó a granjearse Luís Martínez una merecida fama por contar con un escaparate siempre atractivo, de visita obligada y entretenimiento asegurado. Y así perduró durante su larga trayectoria comercial.

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