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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La audacia

Uno de los indicios más evidentes del estado de shock en el que los resultados electorales han dejado a la dirección de los socialistas gallegos es el modo en que ejerce la oposición en el Parlamento. Y no ya solo porque critica aquí aspectos de la política sanitaria que, con sus problermas, presenta mucho mejores balances que los de comunidades gobernadas por sus correligionarios -y ya ni se diga en el conjunto del Estado cuando la "coordinaba" el de Pedro Sánchez-, sino que mantenía un silencio vergonzoso a pesar de que a Galicia se la maltrataba.

Desde luego no se trata de reclamarle al PSdeG que haga de oposición al PSOE desde este Reino, sino que, al menos, plantee en Madrid la defensa de intereses gallegos que merecen ser protegidos. Ni ampoco se solicita el absurdo de que deje de hacer oposición como quiera, pero sí que recuerde que, cuando se desató la primera ola de la pandemia, en Moncloa y sus terminales se clamaba por la "unidad y la lealtad". Algo que los gurús gubernamentales entendían como ausencia de reproches a su manera de tratar el problema, que no hizo más que empeorar y provocó que lo descargase en las espaldas de las autonomías.

En este punto quizá resulte oportuno añadir, solo desde una opinión personal, que aparte de lo expuesto y algunas otras cosas que podrían añadirse, la estrategia que en apariencia ha adoptado el Grupo Parlamentario del PSdeG, al menos en este último pleno, parece una continuación -de peor calidad retórica y con menos contenido- que la del BNG. Y allá cada cual, pero para quienes creen, dentro de la socialdemocracia gallega, que la alternativa al PP ha de ser el centroizquierda porque le conviene al país y mejor entienden sus votantes, lo que hay es permanencia en el error.

Por otra parte, parece obvio que a día de hoy la posibilidad de una alternativa encabezada por alguien diferente a los nacionalistas gallegos es una quimera. Cierto que en un horizonte de cuatro años la situación puede cambiar de modo sustancial, pero resulta improbable si esa hipótesis no se inicia con la corrección de las equivocaciones que llevaron al actual estado de cosas, con el poder real socialista -municipios y diputaciones- por un lado y la dirección por otra. Y los precedentes demuestran muy a las claras que así no se va a ninguna parte.

No resulta discutible que los partidos tienen derecho a decidir sus estrategias a través de los mandos elegidos, incluso a pesar de los innegables defectos de sus democracias internas. Y también que la dirección actual del PSdeG no parece dispuesta a renunciar, por lo que cualquier intento de cambio habría de hacerse mediante un fórceps congresual. Pero si se comparte la idea de que ese no es un mero asunto interno, que importa y afecta a la ciudadanía gallega -como cualquier otro entre los demás que se refiera a la gibernabilidad del país, presente o futura- hay que reclamar de quienes pueden, la audacia de moverse para resolver los problemas que ven y sobre los que conversan. Porque solo con hablar no basta solucionarlo.

¿No??

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