Está pintada en la piedra que cerca el atrio de la ex colegiata de Cangas. El chiste es un atentado al patrimonio, que le puede costar caro al autor. El templo está protegido, independientemente de las creencias religiosas de cada cual. Seguro que el señor cura Severo Lobato se encargará de decirlo en el pregón del domingo y no es para menos.