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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las fusiones

A poco que los alquimistas que tanto abundan en laboratorios de prospección económica se pongan a lo que un tribuno parlamentario de finales del XIX definió como funesta -"la manía de pensar", dijo-, es posible que la gente corriente pueda entender un poco esto de las fusiones, de las que la última por ahora es la de Bankia y Caixabank. Será cuando se lo expliquen despacito, claro, porque a día de hoy las quejas de algunos banqueros no casan con los balances: dicen que la cosa va mal, pero después de dar cuenta de beneficios millonarios. Lo que irrita, y no sólo a los humildes.

Es cierto que los encargados de presentar las cifras, de los que ninguno tiene curriculum mediocre, emplean el viejo arte de la prestidigitación. Pero no para sacar conejos de la chistera, sino más bien para contar que ya se acabaron los prodigios y lo más que se obtiene del sombrero es un gazapo. La fórmula mágica para convertir el vino en agua es lo de "antes y después de impuestos", pero a estas alturas el que más o el que menos tiene o tuvo un préstamo y sabe de qué va. Y por eso casi nadie se cree, incluso aunque sea verdad, que los bancos pierden dinero o son ONGs..

Una de las incógnitas que ahora se plantea es la de si la entidad resultante de la fusión va a devolver al Estado los más de treinta mil millones que al parecer se emplearon para tapar sus agujeros durante la crisis del 2008-12. De momento, lo poco que está claro es que el futuro Consejo de Administración de la nueva entidad estará controlado por manos privadas, ya que las estatales pasan a poseer "sólo" un 16% de las acciones. Lo que supone por cierto el fin de otro sueño podemita: tener un banco público a su disposición, y ya se vio cómo manejan lo que les dejan gobernar.

Los que entienden de estas cosas reactivan teorías ya utilizadas en fusiones anteriores. Y en Galicia, donde se padecieron en carne viva vicisitudes todavía sin aclarar a pesar de una comisión parlamentaria "de investigación", más todavía. Gran parte del argumentario puede ser cierto, pero el Banco a punto de nacer pese a su gran tamaño, será uno más de muchos otros en el mercado internacional. Y la realidad -la auténtica, no la que ven algunos- demuestra que es aconsejable no caer en un oligopolio cada vez más reducido. Porque no fomenta la libertad.

Apelando a Pero Grullo, no queda otro remedio por ahora que aceptar eso de que "lo que es, es", que no equivale a resignarse. Y ya que se citó el nombre de Galicia, quizá sea ya hora de reconocer que hubo suerte y la defunción de las dos cajas de ahorro y la resultante de la fusión previa de ambas, dio lugar al nacimiento de Abanca en una operación que algunos definieron como "regalo" y que lo ha sido, pero en sentido positivo, el contrario que buscaban sus críticos. Entre otros motivos porque el "obsequio" no sólo suena, sino también piensa y actúa en gallego. Y eso es mucho en estos tiempos. Como refuerzo, y desde la opinión personal, procede recordar dos datos; el primero, que el relevo financiero, aquí, ha crecido hacia fuera, consolidando mercados y/o buscando otros no sólo para subsistir sino para competir. El segundo, que lo hace con prudencia e inversión en proyectos de presente y de futuro. Es ejemplo la creación de la primera Universidad privada de Galicia, ya anatemizada por una izquierda que confunde el culo con las témporas y el hisopo con el birrete. Por suerte, aquí la gente ya no se deja engañar.

¿ Eh??

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