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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las lealtades

Ha dicho, el señor presidente del Parlamento gallego, que Xunta y oposición se tienden la mano "para una legislatura dificilísima". Es de suponer que don Miguel se refiera a las circunstancias sanitarias y económicas, porque la política stricto sensu no puede presentarse más fácil: mayoría absoluta del PPdeG, reducción de la izquierda a dos grupos en la Cámara y el resto, extramuros. Y ahí, en la calle, estará seguramente la dificultad tercera si falta sentido común, porque la indignación popular -que crece- no afectará solo a un partido, sino a todos.

Lo que sorprende, en el fondo, no es ya eso de la mano tendida o la proclamación de Bloque y PSOE de que harán una oposición "leal": la extrañeza, en opinión personal, es que el señor Santalices, veterano de mil batallas, simule que se lo cree. Porque a lo largo de todos estos años la lealtad, o la generosidad, entre políticos, aquí, no se ha visto más que en minúscula y en situaciones muy concretas. Y al contrario: en tiempos difíciles, las puñaladas en forma de mociones de censura se repitieron a partir de la única con éxito aritmético, en el ya lejano 1987.

Desde luego es opinable que ese tipo de iniciativas resulte desleal, pero no que se diga, cuando se saben perdidas de antemano, que no son generosas.Y quizá tampoco útiles: cumple recordar que hubo otras en las crisis de las "vacas locas" y la del naufragio del Prestige, que fracasaron pero desgastaron a un gobierno e inquietaron a un país que en aquellas circunstancias necesitaban calma, en el Parlamento y en las calles, para afrontar unos problemas que se habían generado por otros y cuya solución dependía de terceros, entre ellos el Estado y hasta la UE.

Ítem más. Hablando de lealtades, no es el oficio político gallego ejemplo ni de la externa, entre partidos -y ahí quedan los ejemplos citados, que podrían ser más-, ni de la interna, entre militantes, que llenarían un tratado sobre el "fuego amigo", sus víctimas y los motivos. Y es que aquí, sin que sirva de consuelo añadir "como en todas partes", casi nadie se pregunta qué quiere decir "leal"; si cumplir con la palabra dada a la sociedad -alguien dijo, incluso, que en forma de "contrato"-, si aplicar el programa expuesto a los electores o, en definitiva, si hay interpretación diferente para cada situación y conveniencia. Acaso esto último prevalezca y por eso la confianza de la gente corriente en quienes dicen representarla es cada vez menor.

Probablemente, y lejos de quien escribe la intención de remitir espístolas morales o dar consejo, la legislatura "dificilísima" que esta próxima semana se inicia habría de dedicarse, al menos en las primeras sesiones, a debatir sobre qué tipo de lealtades comprometen sus señorías.La primera debiera ser para establecer un compromiso serio -o sea, lo menos "político" posible"- para honrar lo esencial del proceso democrático: respetar los resultados y tener en cuenta que los vencedores han de olvldarse del vae victis y legislar para todos. Si así lo hicieron, todo sería más fácil y, desde luego, merecerías la gratitud de la sociedad gallega.

¿O no?

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