02 de agosto de 2020
02.08.2020
Faro de Vigo

El Cristo hoy no sale, nos espera

02.08.2020 | 00:54
El Cristo hoy no sale, nos espera

A pesar del dolor que nos causa, hemos de agradecer a nuestras autoridades religiosas, y a las civiles por su colaboración, el que hayan decidido suspender este año, por razones sanitarias, la multitudinaria y tan deseada para muchos, procesión del Cristo de la Victoria. Confieso que lo primero que me vino a la cabeza, tras recibir certera información de que ya se había tomado la que era la más difícil de las posibles decisiones, fueron las palabras de san Pablo referidas a Jesucristo: "menos en el pecado, se hizo en todo semejante a nosotros". Porque también Él, nuestro Cristo de Vigo, quiere pasar a la historia por haberse identificado tanto con nosotros que hasta fue confinado a causa del Covid-19. Y en esta ocasión del mismo modo que lo hizo entonces entregándose en la Cruz del monte Calvario: por nosotros, para nuestro bien y "¡por la salvación de muchos!"

Sé que no le ha sido fácil a don Moisés, Guardián del santo Cristo y a los demás responsables de la Cofradía, llegar a esta decisión, la más difícil pero la más prudente, a pesar de las posibles críticas de quienes les tildan de cobardes, asustadizos y faltos de fe. Puedo asegurar a todos los murmuradores que sé de fuente autorizada que la providencia del Cristo no tenía previsto el supuesto milagro de evitar los masivos contagios, pues para esta ocasión y otras similares ya dejó dicho que "quien busque el peligro, en él perecerá".

Es indudable que ni el obispo ni el alcalde tienen la intención de suprimir la devoción y el afecto de los vigueses para con el Cristo de la Victoria. Ha sido por cariño y por caridad para con quienes somos devotos del Cristo de los vigueses, por lo que han tenido que decidir, con mucha pena, que este año -seguramente con muchísimos más asistentes que otras veces-, no podamos acudir en multitud ferviente a la procesión de esta tarde del primer domingo de agosto. Pero nos han dejado un camino expedito y libre, con las restricciones sanitarias en vigor, para todas las demás manifestaciones de fe y devoción para con el santo Cristo. Nada se nos impide y a nadie se nos coarta en nuestra relación personal con el santísimo Cristo de la Victoria. Ya que Él seguirá estando como cada día confinado en la concatedral de santa María, esperando las visitas y la piadosa oración de quienes quieran acercarse durante todo el año y en cualquier momento, a darle gracias y a suplicarle favores.

No obstante, más de uno en sus dudas me ha preguntado "¿pero cómo cumplo yo ahora con la promesa de ir en la procesión si me la han quitado sin culpa mía?" Lo prudente, como siempre, será consultar cada caso con un sacerdote que nos sugerirá el modo más cristiano de cumplir nuestro compromiso personal con el Cristo: a mi alguna ya me ha dejado cambiarle su promesa de la procesión anual por la misa dominical?

Concluyo invitando a sacar bienes de nuestra pena, con la moraleja que debiéramos extraer de la situación de un año 2020 sin procesión, que bien pudiera ser la que alguien dejó escrita así: "el Cristo no sale a la calle este año para vernos, porque quiere que seamos nosotros los que vayamos a verle a Él: acercándonos a charlar un rato cualquier día del año a su casa que es la Concatedral, a saludarle a diario en cualquier sagrario abandonado, a escucharle semanalmente en la misa dominical, a compadecernos solidarios y cariñosos con Él en los cada vez más numerosos pobres y necesitados?".

*Sacerdote y periodista

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