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El PP de Vigo, después de 12 de julio

Es una idea comúnmente aceptada que las buenas fiestas tienen vísperas y octava; así ocurre también con las elecciones, fiesta principal de la democracia para todos los demócratas y muy especialmente para los vencedores, entendiendo por tales aquellos que obtuvieron votos suficientes para poder gobernar.

Por imperativo legal en esta fiesta de las votaciones la víspera está diseñada para reflexionar, así es porque la norma dice que ha de ser así, aunque el votante ya esté "reflexionado".

La octava es libre, cada cual puede dedicarla a lo que le plazca; a veces coincide con la satisfacción de la fuerza ganadora por el logro de un escaño más en el recuento del voto de los residentes ausentes.

Pero también puede aprovecharse la octava y los días subsiguientes para reflexionar sobre resultados, fallos, mejoras, recuperación y otras zarandajas; podíamos decir que para "hacer autocrítica".

Una de las enseñanzas del histórico referéndum de la OTAN, allá por los años 80, cuando éramos más jóvenes y por tanto sin la sabiduría que da la edad, - sabe mais o demo por vello que por demo-, era que en los procesos electorales todos ganan, como en las viejas tómbolas de las fiestas de Cabral, mi barrio. Las cifras tienen las cualidad de permitir hacer creer realidades diversas, aunque, eso sí, realidades virtuales alejadas de la realidad verdadera. Una derrota sin paliativos puede ser vendida como un resultado positivo porque hemos subido un punto, o porque la ley D'Hont nos ha dado un diputado más, aunque sea con menos votos. Todos ganan: unos porque ganan, otros porque ganan dentro de su espacio ideológico, otros porque pierden menos que la ultima vez, y otros porque pierden por más, pero por menos de lo que esperaban. La autocrítica y el reconocimiento de que los votantes no apoyan tus propuestas programáticas o personales, por supuesto que están fuera de cuestión.

Más peculiar aún es la situación del que gana porque tienen un líder con tirón y aceptación popular, que engloba y oculta en el todo el resultado de la parte. Especialmente cuando esa parte, ese voto provincial o local ha sido el factor disonante del triunfo electoral, que paradójicamente lo encubre. Y esto es especialmente peligroso por dos razones: La primera, porque no siempre se va a tener un líder sólido y en horas altas, el mejor según reconoce y admite una amplísima mayoría y confirmaron las urnas, o no siempre vas a tener enfrente líderes débiles y que dividen y dispersan el espacio electoral. Y la segunda, porque esa parte, esos votos locales, van a ser determinantes para conseguir los diputados que permitan llegar a la Moncloa y, más determinantes aún, para obtener la alcaldía de la ciudad, y, como en el caso de Vigo, la Diputación de la provincia.

Vigo, donde el Partido Popular lleva años con resultados que no son buenos, aun siendo en esta ocasión la lista más votada no ha estado al nivel de las demás grandes de Galicia, siendo VIGO la más importante. El análisis de los resultados así lo demuestra, incluso, y eso es lo más llamativo, siendo el propio Feijoo, candidato a la Presidencia, el que encabezaba la lista de Pontevedra. No me parece que Alberto Núñez Feijoo no tenga el aprecio de los vigueses ni que la constante, reiterativa y machacona cantinela del Sr. Alcalde de Vigo contra la Xunta y su presidente haya calado de una forma determinante en los votantes vigueses.

Las razones tienen que ser otras. Líder, programa y equipo/s son factores de éxito en las urnas; algo ha fallado, algo ha faltado. Y el PP de Vigo debe hacérselo mirar; decir que fue la lista más votada es pan para hoy y hambre para mañana; comparar los resultados con los peores obtenidos en una convocatoria electoral, no hace mucho, y decir que se ha mejorado es un autoengaño, un juego de autocomplacencia, además de un ejercicio de hipocresía y dejó dicho Bertolt Brecht que "cuando la hipocresía es de muy mala calidad, es la hora de decir la verdad".

Vigo, el PP de Vigo que dio la mayoría a Manuel Fraga en 1989, tiene por delante una importante tarea. Fraga decía que las siguientes elecciones se empezaban a ganar en la noche de la victoria electoral.

El resultado electoral gallego no debe sumir al PP de Vigo en una suerte de anestesia política que tape los puntos débiles. Al contrario, debe suponer un estimulo para encarar una renovación autentica que resuelva definitivamente problemas históricos que se arrastran desde hace algún tiempo, demasiado tiempo.

*Presidente del PP de Vigo entre 1991 y 1999

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