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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las neotaifas

Es difícil de entender, en alguien que tiene sólida experiencia en la gestión sanitaria y más aún en la política como es el caso del presidente Feijóo, su arenga en pro de un mayor autogobierno tras la crisis del Covid-19. Y en especial su frase de que "Galicia coidou de Galicia" a lo largo de los días más difíciles, porque, aunque exista mucha verdad en ella, suena a insolidario; y eso, en los que están por venir, puede pagarse caro. Aparte de que don Alberto sabe como el que más que una pandemia como la que padece medio mundo no se afronta desde el taifato, sino desde la acción coordinada de los Estados porque el enemigo es el mismo para todos.

Es verdad que la coordinación que se reclama debiera hacerse, en el ámbito planetario, desde estrategias comunes, pero la OMS carece de otro poder que no sea el de recomendar, la ONU de preparación y prestigio y el resto de las organizaciones -entre ellas la UE- de una política sanitaria común, por más que ahora acuerde masas de dinero para paliar las consecuencias de esa ausencia. Y aún más cierto resulta que el Gobierno de España tiene demostrada y ratificada su absoluta incapacidad: tanto que a veces resulta inevitable la sospecha -imposible- de que es intencionada.

En todo caso, la solución no puede estar en lo que hasta ahora ha sucedido: medidas jurídicas que se aplican a la buena de Dios, ausencia de planes conjuros alternativos desde la autoridad central, afirmaciones inauditas que, como lo de que "no hay un Plan B" luego se vuelven ciertas y, en definitiva, falta de ideas y de reflejos. Y en semejante situación, la reivindicación de don Alberto, aún suponiendo que resultase práctica, supone -por analogía- que cada institución territorial, a partir de los ayuntamientos, haga lo que quiera siempre que surta efecto.

Desde la opinión -tan personal como leal, desde luego-, plantear de ese modo es un grave error. Con un esquema así no haría falta Estado autonómico, ni federal -USA hace lo mismo, con los gobernadores decidiendo en función del partido a que pertenezcan, y así les va- ni confederal. Ni siquiera con modelo yugoslavo, que es el que parecía gustar sólo a Pablo Iglesias pero que ahora tienta a algún próximo que otro. No es una comparación: sólo una advertencia del riesgo de que se interprete mal y se suponga lo que no hay ni en el fondo ni en la forma.

Por eso se ha citado el taifato. Habría sido quizá más exacto hablar de neotaifas sanitarias, pero el problema es el mismo. Porque aún con todos los matices que se quieran añadir, plantear ese modelo como mejor método para combatir una pandemia mundial equivale a multiplicar por mucho lo que está pasando en España, y casi en las puertas del otoño y sus miedos supone una insensatez. Que sería además una irresponsabilidad si se pensase que el señor Feijóo roza tácticas de presión filosoberanistas nacionalistas para sacarle lo que se pueda - y no lo justo- a un Gobierno débil y prisionero de su nulidad. Nadie aquí cree posible eso en la Xunta, pero allá munca se sabe. Y es un mal pensamiento.

¿O no?

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