Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Utopía

En el siglo XVI, el que llegó a ser Gran Canciller de Inglaterra, Tomás Moro, inventó la palabra 'utopía' en una obra del mismo título, en la que imaginó una isla desconocida con una organización ideal de la sociedad. Desde entonces, han sido muchos los gobernantes, de todo signo político, que la vienen utilizando, sobre todo cuando están en la oposición, pero se olvidan de ella al llegar al poder.

Supongo que saben que, en ese Estado ideal, todo es de todos, no hay diferencias de clases, su sistema político está basado en una perfecta democracia en la que todos los cargos son designados por votación, y donde la tolerancia y el respeto son valores fundamentales para la convivencia.

Esta semana hemos podido comprobar que muchos de los problemas que Moro relata en su obra, están muy vigentes en nuestro país. A pesar de la crisis humana, social y económica que estamos viviendo como consecuencia del COVID-19, el despotismo, la ambición, los abusos del poder y la ausencia de sinceridad que hemos podido constatar en las sesiones del Congreso y de la Comisión de Reconstrucción, nos llevan a pensar que se encuentran muy lejos de la realidad, en su utópico mundo ideal.

Tenemos casi 28.000 fallecidos y cientos de miles de contagiados, más de 500.000 empresas y 5 millones de trabajadores afectados por los ERTE, muchos de los cuales aún no lo han cobrado, unas previsiones económicas dramáticas para el empleo y la economía de nuestro país en los próximos años, el Diálogo Social suspendido por un pacto de última hora del Gobierno con EH Bildu, una tremenda incertidumbre jurídica, pero lo único importante para algunos de nuestros políticos es mentar a un supuesto padre terrorista, decir que un partido quiere un golpe de estado, abandonar una reunión o pedir que cierren la puerta al salir. No es la mejor manera de reconstruir, no es el ejemplo que esperamos los ciudadanos por parte de aquellos a los que les hemos confiado la misión de dirigirnos.

Está claro que las prioridades de unos son más firmes que las de otros. Que los programas electorales serán impuestos por encima del sentido común que exigen las circunstancias y que el respeto, como cuidado que se pone en no ofender o herir la susceptibilidad de otros, no será la actitud.

Mientras, los empresarios continuamos abiertos al diálogo. Es la única posibilidad de proteger al tejido productivo de este país ante tanto atropello. Tenemos que lograr que los ERTE se renueven más allá del 30 de junio. Puede ser la clave para impedir que se desangre el mercado laboral. Y también consideramos fundamental participar en la Comisión de Reconstrucción, donde defenderemos las medidas necesarias para preservar al sector empresarial.

Los ciudadanos aspiramos a vivir en una sociedad donde respeto y tolerancia sean las fuerzas tractoras, donde las diferencias nos enriquezcan y el respeto nos una. Respetar al otro y ser tolerante con sus diferencias nos hace seres humanos más serenos y con mentes más abiertas que nos permitirán solucionar positivamente cualquier tipo de situación, por difícil que sea.

Por favor, cambien de actitud, apliquen el respeto y la tolerancia, den ejemplo, queremos vivir en esa utopía.

*Presidente Confederación de Empresarios de Pontevedra

Compartir el artículo

stats