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"Manipulación presidencial"

Mientras hablamos de fases, desescaladas, órdenes y contraórdenes ministeriales, polémicas y ceses, publicaciones contradictorias en el BOE... ¡Se obra el milagro y se nos abren las playas, se flexibilizan los horarios, nos invitan a planificar las vacaciones y comienza de nuevo el fútbol! Es tal el goteo calculado de ilusionantes noticias, que posiblemente ha funcionado la clásica cortina de humo para despistarnos de lo importante.

Sufrimos una pandemia global tan brutal que aún sentimos los efectos del shock. Pero hete aquí que, mientras la ciudadanía actúa con ejemplaridad, quien preside el Gobierno de España prefiere trazar oscuras estrategias para intentar rentabilizar políticamente una enorme desgracia, aún traicionando a sus aliados.

Es duro lo que afirmo, pero así lo siento. ¿Por qué le interesa al señor Sánchez sumir a España y a sus Cámaras en un letargo político inexplicable? ¿Será quizá porque lo fácil es no someterse al control parlamentario de quienes no aplauden sus erráticas decisiones? Ya lo decía Henri-Frédéric Amiel: "No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de ellos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo."

Mientras Sánchez nos dice vía marketing que #SalimosMásFuertes, intenta ocultarnos una situación trufada por el dolor de decenas de miles de familias, la preocupación de millones de empleados y la angustia de las empresas que sopesan echar el cierre. ¿Por qué le interesa entonces empecinarse en condenar a España a un marasmo económico con noticias como las de Nissan o Alcoa? ¿Por qué sigue en esta misión suicida, económicamente hablando, sin tomar en cuenta que sí había y hay un PlanB? ¿Por qué no quiere escuchar a quienes crean empleo y saben lo que de verdad cuesta levantar la persiana cada día?

Pero lo peor de este empecinamiento presidencial está en la trastienda. Pactos a priori innecesarios con formaciones anticonstitucionalistas como Bildu arrojan un terrible manto de oscuridad sobre cada paso de Sánchez. Lo que nos ha traído este Gobierno ha sido una pandemia política: la de la desconfianza absoluta.

Necesitamos certezas y confianza. Si queremos ser más fuertes el día de mañana, las decisiones de hoy deben estar basadas en el rigor, con un Gobierno que actúe con seguridad. Que tenga claro que una vez que se garantiza la salud, hay que gestionar la economía. Que ninguna excluye a la otra, pero ambas son imprescindibles para el país.

No querría verme en la piel de ministros -pongamos como ejemplo a Nadia Calviño-, sufriendo las derivas de un líder que sustenta su poder en el servilismo al independentismo y al populismo. Debe ser muy difícil trabajar con tanta desconfianza. Por eso observamos incrédulos semejante espectáculo, justo en las antípodas de lo que tenemos aquí, en Galicia: La estabilidad, el rigor y la seguridad de un líder que no juega a dinamitar la confianza de su pueblo, sino que se dedica a gestionar con la templanza y la seguridad que atesoran quienes tienen una trayectoria intachable basada en la honestidad y el trabajo diario en equipo.

Mientras Sánchez juega a la manipulación presidencial, Feijóo es presidente. Pocas personas lo expresaron mejor que Dwight Eisenhower: "La cualidad suprema del liderazgo es la integridad".

Salta a la vista.

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