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El alcalde de Cádiz se ha puesto de buen año, ha salido a la calle, se ha hecho unas fotos para las redes y lo han llamado gordo. Zollo. Comilón y glotón. Que son insultos gruesos. Pero José María González, Kichi, ha reaccionado bien: no se ha puesto a régimen. Ha escrito un documento, un manifiesto, alertando contra la 'gordofobia', que equipara a la homofobia y a otras deleznables taras del pensamiento.

El regidor dice que quiere ayudar a mucha gente que se siente discriminada por estar gorda. Y arremete contra los patrones clásicos de belleza, cosa que no hacía cuando estaba delgado. A mí a veces también me gusta más la época de Rubens. Afirma el alcalde que estas son cosas perversas del sistema. El sistema. Nótese que otros preferirían la palabra régimen. "El régimen de De Gaulle es un régimen adelgazante", gritaban los adoquineros que clamaban por la libertad en las calles de París en el 68. Desde aquí, desabrochándome un poco el pantalón, que aprieta más de lo normal a fuerza de confinamiento y cenas queseras, expresamos nuestra solidaridad con Kichi, pero sobre todo con los pequeños que sufren esas humillaciones en los patios de los colegios por estar gordos. O llevar gafas. O ser malos jugando al fútbol. O ser hijo de. O sacar malas notas. O ser un empollón.

Kichi tiene futuro como chef. O gurú de la forma física. También como defensor de lo que cree una minoría, cuando en realidad, los que querríamos perder tres o cuatro kilos somos legión, legión que va desempolvando las zapatillas de deporte y acercándose más a las estanterías de la verdura en los supermercados. Advirtiendo contra la discriminación de una minoría, está en realidad defendiendo a la mayoría. A ver si nos zampamos más los prejuicios. No pocos creen que los dirigentes de izquierdas han de ser perroflautas. Y que además del perro también tiene que estar delgado el dueño. Flautas gordas no hay. El documento de Kichi tiene un folio, no era plan de redactar un milhoja. De otro ángulo: no sabemos qué esperaba el alcalde, conociendo la guasa gaditana y sabiendo de la mala baba que hay en la red social Twitter. No debe tener este señor complejos a la hora de salir de nuevo a la calle, por mucho que las del centro sean algo estrechas. Su denuncia está bien pero le ha faltado sentido del humor. Tal vez iba sin desayunar.

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