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Olga Seco Seco.

Vivamos en defensa de nuestro privilegio: estar vivos

Hay conceptos que con los años dejan de tener peso y se convierten en aversión. Precisamente la vida, con absoluta franqueza, nos hace ver que la mayoría de las cosas, son vanas pretensiones que solo arriesgan con la palabra. A lo largo de nuestra existencia siempre tenemos presente el futuro. Ahora bien: ¿y de qué sirve? Aludiendo al mismo, creo que es una esperanza destinada a enmendar el calendario de la muerte. Sí, el mismo que horriblemente descansa junto a nuestra pared, y cada día nos recuerda que: vivir es ir atemperando el tiempo y con mansedumbre preparándose para marchar. Estimo que por mucha sutura que le demos a algunos acotencimientos siempre quedará la cicatriz.

El mundo es un lugar desintegrado y cada día arroja "algo" contra la humanidad. Por lo tanto (opinión subjetiva) es bueno percibir, que en cualquier momento, nuestra vida se puede acabar. Hay demasiados eufemismos destinados a endulzar las amarguras; pero la realidad es que el mundo no goza de paz y así todo serán batallas. Me asombra ver que podemos acostumbrarnos al horror (y con tristeza) ser conscientes que nuestra fuerza, en determinados momentos, no sirve de nada. Hay cosas destinadas a la resignación, y aunque el enojo ebulla por dentro, muchas veces no podemos hacer nada. Creo que es preciso aceptar determinadas cosas y desengañarnos de la palabra "futuro". Ya lo han visto, en poco más de dos meses, hemos pasado de ser sedimento de alegría a ser los impotentes. Afortunada o desafortunadamente, creo que junto a muchas experiencias, se firma un acuerdo con la frialdad. Dando por hecho que junto a nuestra transividad está la explicación que nos desliga de lo eterno. Hay cosas que tienen la naturaleza cambiante de lo vivido. El quietismo suele ser seguridad, pero aún así, a diario nos presenta dificultades. A decir verdad, muchas (una gran mayoría) son la realidad que se admite y poco a poco se convierte en propósito de adaptación. No, no le pidamos nunca más al futuro su consentimiento y vivamos en defensa de nuestro privilegio: estar vivos. Creo (opinión subjetiva) que lo más eficiente es la acción. Al menos, es la única que puede generar en nosotros, afirmaciones y negaciones reales. ¿El futuro? ¿Qué futuro? ¿El mismo que tanto nombramos y resulta que la mayoría de las veces se descompone en el tiempo? Sí, un tiempo que necesita de la adquisición de la vida para ser presente, y sin ingenuidad, nos habla de lo que incongruente que es pensar en la recreación de lo eterno.

Es necesario arrojar toda carga y saciarnos de vida. No, no podemos ofuscarnos en aquello que nos desespera y no convierte en gallinas. Entonces, díganme: ¿seremos capaces de nutrir con hechos nuestra existencia y no dejarlos para el futuro?

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