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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las malas compañías

A la vista de lo que dijo el líder de Vox acerca de la posible -aunque electoralmente poco probable- necesidad que el PPdeG tuviera de sus votos para gobernar aquí tras el 12/J, quizá no estuviesen de más un par de observaciones. Desde el respeto -aunque no se comparta- a lo que el señor Abascal quiera expresar: ya está bien de que supuestos "apóstoles" de la democracia pretenden el monopolio de la libertad y de la expedición de permisos para su ejercicio. O, sensu contrario, de los que proclaman qué condiciones hay que cumplir -mediante diktat, por supuesto- para ser reconocido como patriota y/o buen ciudadano.

La primera de esas observaciones se refiere a la pintoresca frase sobre la "necesidad de vigilar" al candidato señor Feijóo para el caso de que logre repetir -por cuarta vez consecutiva- en su cargo. Quizá no sea necesario recordarle a su señoría don Santiago que a cualquier cargo electo que ejerza gobernanza ya le "vigilan" -y muy de cerca- sus opositores en el Parlamento, sus votantes en la calle y en todo caso, como se ha demostrado ya muchas veces, los fiscales por si las moscas. Ocurre, con perdón por el memento moris, que es preciso confiar en el sistema.

La segunda de las observaciones que -como siempre a título personal- se permite hacer quien escribe, es que el problema, o uno de los principales, que destaca a día de hoy en esta España nuestra, es que escasea la fe que se reclama. O quizá para ser más exactos habría que decir que la equivocada exclusividad que se citaba, y que antes era cuestión de minorías, ahora se ha transformado en una proclamación masiva que se formula desde bloques enfrentados. Cada uno de ellos, además, se cree en posesión de la verdad y excomulga con ardor a sus oponentes.

Si cupiera, y se aceptase, una tercera observación, es posible que suscitara algún tipo de coincidencia con la conclusión de que el clima -en principio político, pero por ello también social- que se vive en la sociedad española actual es el resultado de cuanto queda expuesto. Y de algunos otros factores, ciertamente, pero que tendrían un carácter más circunstancial y habrían que servir de complemento al "diagnóstico" y su resumen: aquí, el estado síquico colectivo predominante vuelve a ser el de cabreo. Y creciente, además, lo que augura peores tiempos.

Como moraleja, y sin más pretensión que exponer la idea, no estorbaría una reflexión final. Tal como están las cosas, la gente del común podría pensar ya que las malas compañías, siempre poco recomendables, son ahora mismo las políticas. Y que nadie se engañe: en general, aunque haya unas más y otras menos, todas. De ahí que en su conjunto, al menos las que de verdad quieren un futuro común, democrático, ordenado y sereno, deberían moderar el lenguaje y templar sus maneras. Y dado que el señor Abascal cita con alguna frecuencia la historia de España, aplicar -el también- aquella frase del rey Felipe II cuando dijo que "norma de buen gobierno" -incluyendo a los que aún no lo son pero pueden llegar a serlo-"es sosegar a sus súbditos". Hay que sustituir esto último por "sociedad", pero el consejo es muy válido.

¿O no??

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