Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

tribuna del lector

Superman

En Madrid están que trinan, no aceptan la decisión de Pedro Sánchez de dejarlos en la fase cero con alguna pedrea,. Esta vez estoy de acuerdo con Sánchez pues Madrid, puerta de España, ha sido muy castigada y, aunque en estos últimas semanas la pandemia se ha cebado en Cataluña, creo que hay que esperar una semana más.

Aquí en Galicia estamos esperando la segunda fase que nos dará una mayor libertad de movimientos y se nos permita ir a las playas que es el ocio más democrático que todos podemos disfrutar: solo nos cuesta el billete de autobús o la gasolina de nuestro coche.

Partiendo de la base de que hasta que se descubra una vacuna o algo similar que ahora no tenemos y nos proporcione alguna seguridad no estaremos tranquilos, hay que ser fuertes ante esta adversidad... Hoy traigo la figura de Superman: Christopher Reeve.

Nació el veinticinco de septiembre de 1952 en New York, estudió Arte Dramático en Juilliard en el mismo New York; su carrera se ve catapultada a la fama gracias a su papel de Clark Kent, el tímido y apocado oficinista que misteriosamente se transforma en el salvador Superman. Fuera de su éxito en sus películas de Superman hizo otras también con gran éxito.

Christopher Reeve tenía una gran pasión: los caballos. Durante años había entrenado duro con los mejores profesores. En mayo de 1993, en una competición montando a su caballo preferido, Buck, tomó la salida a las seis de la tarde y superaron los primeros obstáculos limpiamente pero a partir del sexto él iba lanzado pero se le paró su caballo en seco y salió despedido por los aires.

El hombre apasionado del deporte, buen marino, experto jinete, piloto de su propio avión ve truncada su vida. Su cabeza, que iba protegida por el casco, no sufrió nada pero el impacto de la caída le fracturó la primera y segunda vértebra cervical... a punto de perder el conocimiento solo recordó que no podía respirar.

Consecuencia del terrible impacto sufre una lesión que le destruye las funciones esenciales de su organismo, movimiento del cuello para abajo, impulso sexual, respiración, solo el corazón y el cerebro continúan operando normalmente.

Su lucha interior le lleva a decir a su esposa Dana que lo mejor para ellos es separarse: "Yo ya no soy el hombre con quién tú te casaste". Dana reacciona como una leona y le dice que ahora que le necesita no va a abandonar el barco. "Tu corazón y tu cerebro funcionan como siempre".

Christopher tiene que vivir sobre una silla de ruedas, recuerda que el presidente Roosevelt ganó así la Segunda Guerra Mundial. Christopher se acostumbra a tener que perder tres horas para ducharse, vestirse y tener que depender de los demás.

Sentía envidia sana de los que tenía alrededor: enfermeros, mozos que podían ir donde quisieran y él no podía hacerlo.

Empezó a valorar lo que tenía, que era su mujer y sus tres hijos. Luchó como un jabato para subir su ánimo y su humor, luchó para mejorar las relaciones con su padre que desde que se divorció de su madre se habían distanciado. A consecuencia de su accidente su padre se le acercó y él tuvo la grandeza de corazón de olvidar el pasado.

Estaba convencido de una frase de Winston Churchill que dijo: "El valor es la primera de las cualidades humanas, porque es la cualidad que garantiza todas las demás".

La actitud de Christopher Reeve nos debe animar a superarnos ante las adversidades.

*Miembro Club 55

Compartir el artículo

stats