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Era post-Covid, la Administración que vendrá

2020. Un año que comenzaba con una nueva década, a 10 años de la Agenda 2030, con el horizonte fijado con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, con una hoja de ruta clara y en el que, sin embargo, el cisne negro del COVID-19, nos ha trasladado a un escenario VUCA. A un entorno caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad, que describe no sólo la situación actual, sino la que vendrá. Un entorno en el que a la administración le toca liderar, desde el consenso social y la participación, las soluciones y propuestas de gestión de esas incertidumbres ¿Cómo debe ser la Administración en este futuro incierto?

Una administración proactiva. No decimos nada nuevo cuando se afirma que la administración debe ser proactiva y no reactiva, cambiando el modelo tradicional de administración. Ahora ya no hay excusas ni coartadas. Imposible mirar para otro lado. Es el momento de pensar fuera de la caja, de coordinar el time to market con el time to service, de tomar la iniciativa y de adoptar medidas que impulsen la recuperación. ¿Qué puede hacer la administración? Un simple ejemplo, la utilización de la contratación pública con visión estratégica, como palanca de activación de la economía y dinamización del mercado, en particular, actuando en clave local con las PYMES.

Una administración digital e innovadora. En un mundo global y conectado, con una sociedad que ha abrazado plenamente las nuevas tecnologías para sobrevivir al confinamiento, las administraciones tienen que finalizar el proceso de transformación digital. Sin las herramientas tecnológicas no se habría podido mantener la continuidad de muchos servicios básicos, gracias, en gran medida al teletrabajo, pero debe irse más allá, hay que abrir la mirada a la innovación, no sólo como usuaria, sino como driver de la innovación. Pero sin perder de vista los nichos de exclusión digital y la importancia de garantizar el acceso a los medios electrónicos a la ciudadanía.

Una administración abierta e inclusiva. Contando con todos y con todas las visiones, no sólo la política, no sólo la económica, también la social, la cultural, la deportiva, todas las visiones, todos los enfoques y todos los sectores, para permitir la necesaria reconstrucción en la era post-covid. Pero sobre todo, inclusiva con las personas. Una administración abierta, participativa, transparente y orientada a la rendición de cuentas, en la que los distintos actores encuentren la caja de resonancia donde plantear los problemas y las posibles soluciones, donde construir un proyecto de futuro post-pandemia en el que todos sean parte.

Una administración sostenible. Mucho se ha escrito sobre convertir esta amenaza en una oportunidad de mejora. Y hay suficiente espacio para la mejora. Ya antes de esta crisis sanitaria existía cierto acuerdo sobre la necesidad de cambiar el modelo de producción y el modelo de consumo. Ahora se presenta ya como una necesidad urgente, toca aprovechar las reformas que habrá que emprender para llevar a cabo esa transformación y alinear el modelo de sociedad con los ODS, en especial en la línea del ODS 17, con la generación de alianzas entre el sector público, sector privado y sociedad civil.

Es importante no repetir errores del pasado. Errores cometidos en la anterior crisis, en muchos casos, con pretendidas reformas que concluyeron únicamente con medidas estéticas y de poco impacto. No se trata de aprobar leyes y reglamentos, normas y más normas, dificultando un ya difícil marco normativo, hablamos de políticas públicas. No se trata (sólo) de gastar más, sino de gastar mejor, value for money, se trata de de analizar el valor del dinero. Se trata de realizar todo aquello que da sentido a la administración pública, el problema es cómo.

No será fácil. Habrá enormes tensiones por la elevada demanda de recursos de los servicios de bienestar, pero también para la promoción de la economía y del empleo. Tensiones derivadas de la limitación de los recursos, sometidos a un coste de transacción que obligará a elegir. Porque en tiempos difíciles, de gran incertidumbre y nadie duda de que los que vienen lo serán, las Administraciones se presentan como un salvavidas de estabilidad, de seguridad frente a la incertidumbre, y continuidad del estado del bienestar. Una administración proactiva, digital, abierta e inclusiva, una administración sostenible que debe estar a la altura de las circunstancias.

*Doctora en Derecho y Secretaria de Administración Local

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