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Añoramos vivir

Se han cumplido ya más de dos semanas desde que los alumnos pisamos las clases por última vez, y aún queda mucho camino por delante. El confinamiento en nuestros hogares que nos exige el estado de alarma a toda la población española cada día tiene más consecuencias, tanto para las personas que estamos en casa como para las que por obligación siguen trabajando con valentía fuera de su vivienda.

Para muchos el tiempo pasa con una lentitud desesperante, como si las agujas del reloj rehusaran moverse y los condenase a aburrirse de su propia existencia. Sin embargo, para otros como yo, es todo lo contrario. Los días se suceden con una rapidez asombrosa, y cuando llega la noche siento que no han pasado ni cinco minutos desde que me desperté por la mañana. Algunos estudiantes empezamos el día haciendo los trabajos que nos mandan para dedicarnos al ocio por la tarde, pero repetir las mismas actividades durante semanas nos hace caer en el profundo pozo de la monotonía, y debemos esforzarnos por salir si queremos que esta cuarentena no acabe con nuestro ánimo. Ayudan a la causa las videollamadas con amigos y seres queridos.Ver y charlar con personas que te importan es muy reconfortante y un punto de apoyo sólido para seguir avanzando por este camino lleno de piedras.

Durante este reclutamiento, muchos intentamos evadir de vez en cuando todas las informaciones sobre el virus (Covid-19 ) que ha bloqueado el planeta. Sin embargo, lejos de ser tarea fácil, resulta casi imposible. Si enciendes la televisión en cualquier canal nos estarán actualizando los datos de contagiados y fallecidos y asegurándonos que nos acercamos al famoso pico de la curva que por ahora no vemos por ninguna parte. El agobio ya es máximo cuando huyes a canales o programas de entretenimiento (que han adaptado sus formatos para emitir durante el estado de alarma) y te topas con que se dedican a charlar de nuevo sobre la pandemia, momento en el cual apagas la pantalla, harto de escuchar la misma música durante todos los días.

En cambio, las redes sociales están resultando ser una poderosa vía de escape. Quienes no quieren saber del coronavirus tienen la opción de silenciar en sus dispositivos todo aquello que tenga que ver con él, como si nadie en el mundo tratase ese tema. Por otra parte, los más ocurrentes aprovechan el virus para darle forma a ingeniosos memes que se difunden a velocidades estratosféricas por los grupos de familia. También viven un gran momento las diferentes plataformas digitales que tenemos a nuestro alcance. Devoramos series y películas rápidamente, pues nunca tuvimos mejor momento para disfrutarlas y cualquier producción resulta apetitosa si ayuda a evadirte de todo y a quemar horas de una forma entretenida.

Intercambiando opiniones con diferentes personas te das cuenta de que cada uno lo vive de una manera distinta. Algunos comparan el aislamiento con un eterno fin de semana, sin notar grandes cambios más allá de no poder salir del domicilio. Hay también quienes notan que su rendimiento en los estudios ha bajado desde que no hay clase pero, sobre todo, en lo que más coincidimos todos es en que ahora valoramos mucho más cómo era nuestra vida y aquellos que nos acompañan en ella. Añoramos la caricia de la brisa marina en un paseo junto al mar, quedar con los amigos para tomar algo, las comidas familiares, hacer deporte... Añoramos vivir, y como se suele decir, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. La desesperación adquiere un matiz cómico cuando bajar la basura, que siempre ha sido un castigo que intentabas pasar a cualquier miembro de la familia, es ahora un privilegio por el que nos peleamos. En definitiva, sobrevivimos como podemos, que no es poco, y lo más importante: sobreviviremos.

Todos los días a las 20:00 horas España sale a los balcones para aplaudir en señal de apoyo al personal sanitario y todas aquellas personas que siguen trabajando en primera línea de contagio. Una actividad que se está convirtiendo en la mayor inyección de energía, además de para los aplaudidos, para los que aplauden. La alegría y el ruido vuelven a inundar las calles, y todos se rinden a la festividad improvisada, añadiendo a los aplausos el "Resistiré" de Dúo Dinámico y otros temas que convierten patios y terrazas en pistas de baile.

Nuestra propia actitud nos confirma que somos más fuertes que el problema que tenemos delante, que no desistiremos, que nos sobrepondremos a todo lo que venga. Estamos resistiendo y sin ninguna duda seguiremos haciéndolo, porque estamos llenos de coraje, porque somos "como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie".

*Alumno de 2º curso de Bachillerato del IES María Soliño de Cangas

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