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Ceferino de Blas.

La otra duró 42 días

Las similitudes entre la actual pandemia y "la gripe española", de 1918, tienen como hilo conductor las severas medidas que se adoptaron para superarlas y atenuar la letalidad.

Asusta el número de muertes de hace un siglo: aproximadamente 50 millones en el mundo, y cerca de 150.000 en España. Aunque los especialistas afirman que la gripe se prolongó dos años, hasta 1920, y fallecieron otras cuarenta mil personas en nuestro país. Según esta versión, el virus de la gripe no se extinguió, sino que fue mutando durante ese bienio.

En el entorno de Vigo, donde murieron cerca de medio millar, la pandemia se circunscribe a un trimestre, y las medidas más duras se limitaron a mes y medio.

Tardó en sonar la alarma. Los primeros casos, de carácter leve, se detectaron el 24 de septiembre. Pero en ese día, el gobernador de Ourense ya declaraba "el estado epidémico, por infección de gripe en el pueblo de Rivadavia".

Aunque la ciudad no vivía ajena al peligro. El alcalde Lago Alvarez, en previsión, había solicitado utilizar el lazareto de San Simón para internar a los enfermos graves, pero el Gobierno lo rechazó.

Fue una negativa muy mal recibida, puesto que el lazareto estaba perfectamente dotado, y no prestaba servicios. Por contra en Vigo solo existía el Hospital Elduayen, en el que no se podía hospitalizar ni aislar a más de dos docenas de enfermos. En aquel tiempo estaban en construcción los pabellones sanitarios, que no concluirán hasta los años veinte.

En la última semana de septiembre, en Vigo, y Lavadores, entonces municipio independiente, aumentaron los casos de gripe.

Fue lo que decidió al alcalde Francisco Lago a tomar las medidas preventivas, tras reunirse con la dirección del Laboratorio Municipal y la Junta Local de Sanidad.

El 1 de octubre publicó el bando de obligado cumplimiento, bajo apercibimiento de sanciones, en el que imponía desinfecciones masivas en todos los lugares comunes, y el cierre total de cafés, teatros, salones, cines, escuelas y talleres.

Unas medidas que se asemejan a las que se han adoptado contra el coronavirus.

Si sirven las analogías, para hacerse una idea de cómo puede ser el final de las prohibiciones ante la actual epidemia, cabe recordar cómo acabó la gripe española en la ciudad.

Hay que advertir que existe una diferencia clara de los pacientes de la gripe y el coronavirus. El número más elevado de los que han muerto con la actual pandemia supera los setenta años y tenían patologías previas, mientras que en la gripe española, una buena parte de las víctimas eran personas jóvenes.

Tres de los más conocidos murieron en la treintena: Fernando Quiñones de León, a los 35 años, Julio Tizón Ozores, a los 31 y María de Lema Rubido, a los 32. Y el proceso de infección hasta el desenlace fatal duraba ocho días.

El comienzo y el final de las medidas contra la gripe en Vigo tiene fechas: fueron 42 días. Comenzaron el 1 de octubre de 1918, con el bando del alcalde Lago, y terminaron el 12 de noviembre, coincidiendo con la la firma del armisticio de la Gran Guerra.

Ese día los vigueses salieron a la calle a festejar que acababa la guerra con un entusiasmo nunca visto, sin duda para saludar la paz pero también por el ansia de dejar atrás las prohibiciones.

Su cese, según la circular del alcalde, se adoptó "en atención a que ha mejorado notablemente el estado sanitario de la población", y se autorizaba la apertura de escuelas y salones de espectáculos.

Algunos ya abrieron la víspera. El Tamberlick anunciaba, aunque con retraso, el Don Juan Tenorio, obra inexcusable en el mes de difuntos.

Los Exploradores de Baden Powell vigueses, que tanto ayudaron a los enfermos más necesitados, dieron por terminado su servicio, y la Cruz Roja cesó la guardia permanente de la ambulancia que tenía montada en su cuartelillo.

Era la vuelta a la normalidad. Y las organizaciones que más habían colaborado querían expresar que todo había acabado al eliminar sus servicios de urgencia.

Se informaba que en las parroquias del extrarradio había mejorado el estado sanitario, pero tres días después se conocía que en Moaña seguían las "invasiones" -eufemismo para designar a los infestados-y "en Meira ocurrieron muchas defunciones estos días".

Es decir, no fue repentino el cese de la gripe ni en todos los lugares igual su comportamiento. Es evidente que si en Vigo amainó primero, influyeron las medidas coercitivas y de "confinamiento", que no cumplieron otras poblaciones de menor densidad.

En la ciudad siguieron los entierros, aunque con cuentagotas, en las semanas sucesivas, hasta final de año.

La vida ciudadana irá normalizándose, pero tardarán en recobrarse las pautas anteriores a la pandemia.

La paz trajo un repunte de la economía, pero no se evidenció entre la gente. Los dos primeros años (19-20) se avivó el problema de la vivienda y sobre todo, de las subsistencias, para las clases populares. Faltaba aceite, harina, azúcar y otros productos básicos que se vendían a precios prohibitivos. Son las causas de la gran huelga de un mes de duración de 1919 y de la agitación social. Pero esto es otra historia.

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