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Caminar unidos en la oración

Estos días de gran intensidad emocional por el coronavirus están poniendo a prueba nuestras reservas energéticas en todos los campos, también en el espiritual.

A veces pensamos que la vida espiritual es algo aparte de la vida real de cada día. Damos por sentado que lo espiritual es algo que tiene que ver con personas especiales. Podemos incluso valorar a esas personas, pero sabiendo que tienen poco que ver con el día a día.

En realidad, si lo pensamos un poco, nuestra vida espiritual es demasiado importante para que la olvidemos o la dejemos en un segundo plano. En su ámbito se definen cuestiones esenciales de nuestro ser: el sentido real de nuestra vida, la responsabilidad ética de nuestros actos, nuestra relación con el mundo, la intensidad de nuestra solidaridad con los seres humanos.

Cuando la vida nos pone a prueba sentimos la necesidad de contar con todas las energías. Chequeamos instintivamente nuestro cuerpo para sentirnos fuertes ante el peligro. Con las cosas espirituales sucede un poco de otro modo. No son indispensables en un primer momento. Podemos incluso olvidarlas por un tiempo o para siempre, pero sin una espiritualidad activada la vida se agrieta peligrosamente.

La espiritualidad cristiana tiene una especial relación con la corporalidad, tal como aparece en la persona misma de Jesucristo. Recordemos su especial relación con los enfermos y su permanente actividad sanadora.

El pilar esencial de la espiritualidad de Jesús de Nazaret es su relación con el Padre. La oración de Jesucristo es la expresión de su confianza en el Padre para pedirle ayuda, para confiarse en sus manos, para darse a todos sin condición, para salir vencedor de la muerte en la resurrección.

Sin oración no se entiende la vida de Jesús y, en consecuencia, tampoco se entiende la de un cristiano, cuya vocación es seguirle como camino hacia el Padre. En este sentido nos dice el Catecismo de la iglesia católica que con su oración Jesús nos enseña a orar y que el modelo de nuestra oración es su propia oración al Padre.

La oración de Jesús no es una oración abstracta, sino concreta y contextualizada en la vida. Así ha de ser también nuestra oración. La oración de un cristiano ha de forma parte de su vida diaria, en realidad, su contenido fundamental es la vida de cada día.

En esta situación tan dura elevamos nuestras oraciones juntos al Señor para pedirle sin descanso que no se olvide de nosotros. Le pedimos especialmente por la victimas del coronavirus, por los que están en primera línea luchando en los hospitales, en las residencias de ancianos, por todos los que en cada rincón del mundo están entregando lo mejor de sí mismos para luchar contra esta plaga que nos azota.

Es el momento de mirar a Dios con humildad para pedir su ayuda y poder caminar juntos con esperanza.

Que el Señor nos conceda salud y paz a todos.

Unidos en la oración.

*Obispo de Tui-Vigo

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