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Personas, casos y cosas de ayer y de hoy

Pandemias especulares a un siglo de distancia

Mis ya largos años de existencia me han permitido coexistir con multitud de "personas, casos y cosas de ayer y de hoy". Vivir o al menos contemplar en primera persona, infinidad de sucesos y percances, unos felices y venturosos, otros tristes y desdichados. Leer y estudiar mucho, aunque menos de lo que quisiera. Viajar por medio mundo y conocer gentes diversas, en todo tipo de circunstancias sociales y políticas. Conocer la salud y la enfermedad, unas veces curable y otras no. Ejercer mi profesión, con aciertos y errores. Todo esto me ha conformado como soy y me autoriza a pensar con independencia y por cuenta propia.

En dos de mis últimos artículos dominicales - Al igual que hace un siglo ( Faro de Vigo, 23.02.2019) y ¿Elecciones o partida de bolos? ( Faro de Vigo, 08.03.2020)-, después de la lectura de las crónicas publicadas y recopiladas en Biblioteca de un Siglo (Madrid, 1987), afirmaba que la situación, acontecimientos, sucedidos y sucesos actuales transcurrían de forma muy parecida a los de hace cien años. Entre lo que pasó y ahora pasa los paralelismos son evidentes. Tanto si se trata de lo ocurrido dentro de la normalidad, como fuera de ella o contra ella, como fuera de lo corriente. Es como si la sociedad y los protagonistas de ayer se reflejasen en espejo sobre los de hoy.

Microbios a sueldo y otros

"El microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio local fue a visitarlo con propósitos periodísticos.

- Parece que ha recorrido usted medio mundo - le dijo el microbio local.

- Sí... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en Inglaterra, en los Estados Unidos...

- Grandes países, ¿eh?

- ¡Quite usted allá! Para un pobre microbio que quiera vivir tranquilamente, el mejor país es España. Aquí funda usted una pequeña familia - cuatrocientos o quinientos mil hijos - , y la saca usted adelante sin el menor contratiempo [?].

- ¡Hombre! Los médicos aseguran...

- ¿Pero es que cree usted en los médicos?... Que un hombre crea en los médicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que está en el secreto de estas cosas, les haga caso ninguno [?].

- ¿Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aquí?

- Verá usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis correrías por el mundo. Fuera de España todo se vuelve hablar de libertad; pero si existe algún país donde un pobre microbio puede hacer lo que quiera, ese país es éste. Aquí se siente uno amparado por las leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna autoridad inicia una campaña contra nosotros no faltan amigos que nos defiendan enérgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo demás es cuento [?].

- ¿De modo que se establece usted entre nosotros para siempre?

- ¡Ah, no!... Llegará un día en que España será un país de microbios solos, y entonces la lucha por la vida adquirirá aquí caracteres horribles.

- Antes de esa fecha - exclamó el microbio local - yo me agarraré al presupuesto. Buscaré un empleíllo en algún laboratorio, como microbio de cultivo, y ¡a vivir!

Son estos la mayoría de los párrafos del artículo Microbios a sueldo, escrito por Julio Camba hace cien años ( La rana viajera. Madrid: Espasa-Calpe; 1920). En la columna, el autor recurre a la parodia del género entrevista desde una inverosimilitud cómica, el perspectivismo.

La parodia se refería a la pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gran pandemia de gripe o la gripe española. Fue una pandemia de inusitada gravedad, que afectó sobre todo a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos.

Fue considerada la pandemia más devastadora de la historia humana, pues mató a más de 40 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1920. Esta cifra de muertos incluía una alta mortalidad infantil. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen de esta epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales. Aunque algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916, o en China en 1917, la mayoría cree que pudo arrancar en la base militar norteamericana de Fort Riley el 4 de marzo de 1918. Tras registrarse los primeros casos en Europa, la gripe pasó a España que, como país neutral en la I Guerra Mundial, y a diferencia de los otros países inmersos en la guerra, no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias. Al ser el único país que se hizo eco del problema, provocó que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar de no ser el epicentro, España fue uno de los más afectados con 8 millones de personas infectadas y 300.000 personas fallecidas.

Pues bien, si en el texto sustituimos el microbio de la gripe por coronavirus (Covid-19) y los países de estancia previa por China, Italia, España, Alemania, Francia y Japón?, su contenido sería extrapolable a lo ahora sucedido. Entidades y autoridades científicas advirtieron que se tardó en reconocer sus riesgos, se tardó en comunicar cómo prepararse para esta pandemia, se tardó en capacitar al personal de trabajo, se tardó en realizar su entrenamiento cruzado para las sustituciones obligadas por las bajas de los sanitarios y se tardó en enseñar a los familiares el cuidado de los enfermos en su domicilio. Y así lo explicaron con claridad meridiana, entre otros muchos, los doctores Peter Sandman y Jody Lanard, según se recogió en Covid-19: es la hora de correr el riesgo de asustar a la gente (Medscape, 25.02.2020). No se hizo, y, por si fuese poco, se dio "libertad para los microbios". En España se autorizaron hasta 77 manifestaciones, el 7 y 8 de marzo, y no se advirtió tampoco de que se evitaran concentraciones deportivas u otros eventos. Y todo ello pese a que la Unión Europea (Centro Europeo para el Control y Prevención de las Enfermedades) ya había recomendado "evitar concentraciones masivas innecesarias" por el coronavirus, dado que científicamente estaba demostrado que cancelarlas "puede reducir la transmisión del virus". Y el consejo no solo se desoyó sino que se alentó a los españoles a acudir a las marchas en pos de la igualdad. Y vino lo que vino, que todos conocen.

El consejo de ministros

"Ya está formado el Ministerio de coalición [?]. Los otros (ministerios) son distribuidos equitativamente entre los diferentes partidos políticos - tantos ministerios para un partido y tantos para el otro - a fin de contentarlos a todos. Y como aunque hay muchísimos ministerios hay muchos más hombres ministrables [?]. En el figuran personajes de todas las tendencias políticas, lo que no se sabe si es una ventaja o una desventaja [?]. Si se nos dice que puede existir la misma fuerza de unidad y de dirección en un cuerpo de hombres que vienen sentándose diariamente en intimo consejo y que están substancialmente identificados? y en un comité cuyos miembros tienen sobre estas cuestiones las opiniones más opuestas, nosotros no podemos asentir". Son párrafos entresacados de la crónica que desde Londres, en mayo de 1915, enviaba Julio Camba a "Prensa Española".

En la España actual, más de cien años después, el nuevo consejo de Ministros, también es de coalición y está formado por 23 miembros, con lo que es el de mayor tamaño desde la etapa de Adolfo Suárez. Su recorrido es corto, pero las discrepancias, los solapamientos de funciones, las rectificaciones y los aplazamientos ya han sido evidentes y notorios. Esperemos que el rodaje mejore las cosas por encima de las cuestiones personales y de partido; es especialmente necesario en este momento dada la magnitud de la pandemia por coronavirus. Quiero pensar que los retrasos e insuficiencias (véanse las hemerotecas) sufridas no hayan contribuido a su gravedad. Pero por fin, el 14 de marzo, el gobierno de España declaró el estado de alarma. El decreto fue calificado inicialmente de tardío y con lagunas; pero ya lo irán completando con disposiciones y medidas adicionales. El decreto y su desarrollo están ahí y la obligación de todos es aceptarlo y seguirlo; la ley y la magnitud del problema lo exigen. Sobre esto no hay discusión posible. A uno no le gusta este gobierno de coalición, pero lo es con toda la legalidad y hay que aceptarlo. Es mucho peor que no nos gobiernen de ninguna manera, nos resistamos y alguien lo haga por la fuerza o por la persuasión. La práctica totalidad de los presidentes autonómicos se pusieron a disposición del gobierno, no olvidemos que son los representantes del estado en cada autonomía. Entre otros, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, garantizó de inmediato la incondicional lealtad de Galicia. La respuesta del pueblo español ha sido admirable.

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