15 de marzo de 2020
15.03.2020
Nuestro mundo es el mundo

E La alarma exige civismo movilizado

La amenaza de la recesión solo se podrá combatir con un programa keynesiano -de gasto público anticrisis- a nivel mundial

15.03.2020 | 03:02

La crisis del coronavirus, que hace poco parecía que directamente solo afectaría a la lejana pero potente China, ya está -dominando todo- en Europa y América. La OMS esta semana la ha calificado de pandemia y ha fijado su epicentro en la vieja Europa.

Es toda Europa -e Italia ha sido el país afectado con más rapidez- la que ahora afronta el grave peligro para la salud pública y la economía. Nuestras sociedades, habituadas a una gran liberalidad, tendrán más problemas en lograr el aislamiento y la disciplina social que un país dictatorial -como China- en el que la policía y el potente Partido Comunista tienen siempre la última palabra.

Italia, el país ahora más afectado, ha sido el primero en tomar medidas drásticas y en poner en cuarentena a toda su población. Ahora, tras la declaración del estado de alarma, le toca el turno a España. Lo que hace ocho días se veía como algo cercano, pero no propio -las duras medidas de Italia- son ya la realidad. Y vencer al coronavirus va a depender en gran parte de la disciplina y la cohesión de un país que está hoy muy afectado tanto por la división territorial (el conflicto catalán) como los choques políticos.

Pero los problemas no se acaban con plantar cara a la pandemia con disciplina social. El coronavirus -y la lucha por superarlo- hacen obligatoria una fuerte paralización de la vida ciudadana y económica. Un parón de la producción (lo estamos viendo en firmas automovilísticas como Seat y Nissan) y también en gran parte del sector privado de servicios (aerolíneas, hoteles, espectáculos, restaurantes). ¿Cómo van estas empresas a sobrevivir sin actividad durante las "semanas duras" que ha advertido Pedro Sánchez? ¿Cómo va a afectar a los empleados de estas empresas que no puedan pagar las nóminas por la caída de las ventas?

El miedo a la inducida recesión es lo que ha hecho que durante tres semanas seguidas las bolsas mundiales hayan sufrido caídas escalofriantes. ¿Cómo se va a evitar una recesión generada por la paralización de la producción, no por la desconfianza financiera como fue la del 2008? Era claro que las acertadas medidas de política monetaria (bajos tipos de interés, compra de bonos por los bancos centrales) de Mario Draghi que se usaron entonces no serían suficientes para combatir el desplome productivo. Por eso los mercados financieros no reaccionaron al descenso de los tipos de interés de la Reserva Federal o al compromiso de Christine Lagarde de que el BCE -que ya tiene en negativo los tipos de interés- iba a aumentar la compra de bonos y el apoyo a los bancos. Positivo pero insuficiente.

Para combatir esta crisis se necesitará un fuerte aumento del gasto público de los estados tanto en sanidad como en ayudas a las empresas zarandeadas por la paralización y -fundamental- en mantener el empleo o los ingresos de los trabajadores afectados. Es lo que la OCDE definió hace ya unos días como un keynesianismo global que permitiera sumarse a los países con una deuda muy elevada como Italia y España. Y eso exige, de entrada, una fuerte suavización de las normas fiscales de la UE impuestas por Alemania y los llamados países austeros.

Es lo que parece que ha empezado a pasar. Este viernes los dos ministros económicos alemanes -Olaf Scholz y Peter Altemaier, socialdemócrata uno y democristiano el otro- comparecieron en rueda de prensa para proclamar que habría "dinero ilimitado" para salvar a las empresas afectadas. Un cambio fundamental. Y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyden, ha dicho que la disciplina presupuestaria de la UE se iba a relajar, asunto vital para España e Italia.

Incluso Trump, que hace poco decía que no pasaba nada, pactó el viernes con los demócratas -y el Congreso americano aprobó este sábado por la mañana- un potente programa anticrisis. La consecuencia fue que el viernes los mercados dejaron de caer y se orientaron al alza. Por la hora del día más el americano (9%) que el europeo.

Este es el marco en el que España debe sobrevivir. No somos Alemania y necesitamos el escudo de un programa europeo que -no sin tensiones- debe ponerse en marcha. No tenemos un gobierno con mayoría parlamentaria y por lo tanto Pedro Sánchez y los otros líderes políticos (Pablo Casado en primer lugar) deben actuar con suma responsabilidad. Y tenemos muchos conflictos (como Cataluña) por desencallar ante los que tendremos que aplicar más cautela y menos pasión.

En la situación del mundo -y de España- tenemos motivos para tener miedo. Razón de más para exigirnos responsabilidad y sentido común. ¿Seremos capaces?

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