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Francisco García.

Lo que no da natura

El hablar o el escribir encumbrado

El titiritero Maese Pedro aconsejaba -en el Quijote- a su joven y muy redicho ayudante: "Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala". Y es que a nadie se le obliga a hablar o a escribir encumbrado, digo yo. Quien así lo hace elige ese modo y por lo tanto se expone a que lo tomen por un fantasma y lo ridiculicen. Pongo dos ejemplos leídos o escuchados en los medios. El primero, cuenta que, a causa de la remodelación de cierto edificio, los arquitectos "habían abierto la caja de Pandora". A ver: "Abrir la caja de Pandora" es lo mismo que provocar todas las catástrofes; pero lo que nos quiere contar el cronista es que habían surgido pequeñas discrepancias entre aquellos profesionales, no que los tales se hubiesen roto las crismas mutuas llegando a las manos, a las armas blancas, a las de fuego y a la voladura alevosa de la casa de marras. Por lo tanto, la caja de Pandora siguió cerrada, por fortuna.

El segundo ejemplo reza así: "Este incidente da idea de hasta dónde llegan las puertas giratorias en el campo de la usurpación de identidad: hoy eres rescatado por los Mossos de una encerrona independentista y mañana te encierran con independencia de tu estatus perdido". La expresión "puertas giratorias" se aplica cuando un alto cargo abandona la política y es contratado de inmediato por una empresa muy pudiente: "Gracias a las puertas giratorias, el ministro X ha entrado en el consejo de administración de Z", pongamos por caso. Por lo tanto, que los Mossos te rescaten un día y te trinquen al siguiente nada tiene que ver con las lamentables puertas giratorias.

Va la cosa así por el deseo de muchos hombres públicos de encumbrarse al hablar sin tener para ello ni pajolera idea. Recuerde el lector cuántas veces habrá oído en los últimos meses esta colección de frases hechas que aquí les traigo: nicho de votos; desde el minuto uno; como no podía ser de otra manera; transparencia y coherencia; en sede parlamentaria? Venga y dale, zumba que te zumba, repiten y repiten -sin el menor atisbo de ingenio u oportunidad y mal usadas además- las consignas que les dictan las circulares del partido correspondiente. Llaneza, muchachos diputados. No toda la culpa es de ellos, pues no hacen más que reflejar el desbarajuste hablado y escrito del llano pueblo

Con esto de la enseñanza, no hace mucho que escuché a un conocido despotricar contra la psicóloga del cole de su hijo: "La tipa me dijo que mi chaval tenía sin resolver el 'complejo de hipo' y mi guaje no tiene hipo, que te lo digo yo". Pensé en explicarle que la profesional habría dicho "complejo de Edipo", pero me callé, como me callo tanto ya en esto del lenguaje? Al no saber quién fue Picio, se dice que alguien es "más feo que Ulpicio". Como se ignora quién fue don Saturnino Calleja, se dice que "tiene más cuento que una colleja". Como mora en el olvido el torero Antonio Sánchez -alias El Tato- se dice que "no ha venido ni el Paco" (o "ni el pato"). Y a la Catalina del arroz he visto sustituida por Margarita: "que si quieres arroz, Margarita". Y al Matusalén de los casi doscientos años por el pobre Carracuca o su variante Caracuca: "era más viejo que Carracuca".

A un paso estamos de que la omnipresente mitomanía del fútbol sustituya a la mitología griega y oigamos decir a alguien -para señalar el punto débil de otro- que tal tara no era su "talón de Aquiles" sino su "talón de Quini", cuando no su "talón de añiles", de alfiles, de ardiles, de astiles o de "aquí les". No parecen reparar quienes así se encumbran a lo pelele y nada llanean en su hablar o escribir que -como dice la voz popular modificando un refrán- "lo que no da natura, tururura".

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