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tRIBUNA LIBRE

El potencial del carnaval

El carnaval es la gran oportunidad de desplegar las fantasías. La gente se puede saltar las reglas y dar rienda suelta a su imaginación. Después de una vida cotidiana rutinaria y planificada, es el momento de la libertad, de conectar con las emociones y sentir las pasiones.

La fiesta del carnaval adquiere alto grado de motivación por ser compartida, aprovechar unos días de vacaciones y vivir la amistad desde una permisividad de amplio rango, una gran fiesta en las calles. Cuanto más controlado y asfixiado se encuentre un ser humano en su cotidianeidad, con más incentivo inventará diversidad de opciones para volar. Son los instintos los que toman el protagonismo, las bacanales, con sus excesos, lo sexual que se toma también sus licencias y el deseo de ser uno mismo, al menos bajo el amparo de las fiestas. Algunas personas aprovechan el anonimato para liberarse de todo tipo de limitaciones, beber, comer y mantener relaciones, unas veces planificadas por el secretismo, y otras aprovechando el fulgor de la fiesta.

A lo largo de la historia se han intentado restringir y limitar las fiestas de carnaval, y ha sido harto imposible, ya que los carnavales han tomado la tradición y la calle, y ya configurada su propia historia, se ha convertido en irreversible. Es una fiesta viva en el recuerdo y la memoria de las gentes, muchas vidas particulares se ponen de acuerdo para materializarlo de nuevo. Se convierte en imparable. Es la pasión y la alegría distendida sin compromiso, sin complicaciones, configuran unas experiencias totalmente de un potencial de placer compartido. Desde el inconsciente afloran los deseos de jugar el rol que a cada uno le apasione, unos prefieren un formato de personaje actual, vistiéndose de políticos, deportistas o famosos. Otros se lo montan aludiendo circunstancias contextuales, y mucha gente aprovecha la metáfora para disfrazarse de algo que desean en su mundo mental feliz. Otros agarran cualquier modalidad elemental y sencilla que encuentren en el trastero, sin complicaciones y que les permita el suficiente anonimato como para hacer el indio y desatar su inventiva. Otros aprovechan las noticias destacadas del año y se toman así su fantasía. Están los que desatan sus sueños de niños, y dan vida a los protagonistas de cuentos, de las series, de películas. Abundan los príncipes y princesas, los héroes y los famosos de historias. La realidad de las vidas se transforma y con el potencial del carnaval, hay licencia para todo y todos.

También hay espacio para las personas que lo viven a su manera y lo sienten diferente, ajenas a los carnavales, aprovechan unas vacaciones, un viaje. Y también lo agradecen ya que pueden planificar a su manera y descansar del trabajo.

En el planeta, las ciudades con más fama del carnaval, destacan Rio de Janeiro, Recife (Brasil), Venecia (Italia), Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria (España), Colonia (Alemania), Barranquilla (Colombia), entre otros. Se ha ido extendiendo a lo largo de los siglos y hoy se celebran en América del Sur, en muchos países de norte a sur, y prácticamente en muchos de Europa y Estados Unidos. Y es que la psicología del carnaval tiene una gran alianza con una parte de la esencia de los humanos. La necesidad de imaginar, de materializar sus fantasías, de librarse de ataduras, vivir en libertad, de compartir sus sueños y disfrutar de los que ofrecen los demás, perder la cabeza entre máscaras, disfraces, música, comparsas y lo que se precie en el momento. Meterse en la piel de su personaje y librarse al menos por unas horas o días de sus propias ataduras. Juerga y pasión, con la decisión y actitudes de sentir la vida en plenitud. Muchos amores terminan en carnaval, y otros nacen. Es la gran fiesta del mundo, el ciudadano en el mundanal ruido.

(*) Psicóloga

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