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Ilustres

Dos inéditos de Ramón Otero Pedrayo (I)

Fue don Ramón Otero Pedrayo, el indiscutible patriarca de las letras gallegas, muy generoso siempre en palabras bien dichas, fogosas cuando eran discurso, sin prisas cuando eran escritas de forma epistolar. Creo que por ello todavía debe haber bastantes inéditos de don Ramón que se conservarán en poder de los destinatarios o sus sucesores si han tenido el cuidado inteligente de preservarlas.

Quiero dar noticia y trascripción de una carta y noticia de un discurso que al menos no he visto citar, quizá porque la primera no pasó del ámbito privado hasta que llegó al Archivo de la Catedral y el segundo porque apareció en una publicación ciclostilada que debió tener limitada circulación. Quede ello como un pequeño testimonio de mi afecto a aquel caballero que fue don Ramón y al que ya en sus últimos años de vida tuve el gozo de conocer y visitar introducido por José González Paz en varias tertulias informales pero sabrosas de su casa de la calle de la Paz. Mi astorganismo le hacia evocar a Don Marcelo Macías y el jovencito que yo era se consideraba inmensamente privilegiado

Carta sobre el Padre Feijóo

Con los papeles que el benemérito don Salvador González Crespo canónigo de la catedral y buenísima persona dejó al archivo de la catedral (ACO 10/9) venía un par de cartas manuscritas y originales de don Ramón Otero Pedrayo. El motivo era que don Salvador había escrito un trabajo sobre el padre Feijoo, que debió quedar inédito, y con ese motivo quiso que don Ramón lo viera y le diera su opinión. La carta generosa de don Ramón, la primera es solo de circunstancias, se detiene en muchos datos muy interesantes y quizá algunos inéditos sobre el gran polígrafo de Casdemiro. Corrige algunos errores del trabajo de don Salvador, elogia y anima al autor con palabras muy generosas y al mismo tiempo le habla del interés por la figura de Feijoo, de su trabajo perdido en el incendio de Samos enviado para un concurso y que en esos momentos está rehaciendo. Además, en la carta afloran todos esos detalles personales de la vida en Casdemiro y de algunas de sus actividades, como hombre reconocido como primera figura en la cultura gallega de entonces. Don Ramón si acabará rehaciendo y publicando su estudio: Otero Pedrayo, Ramón: El Padre Feijoo. Su Vida, Doctrina e Influencias. Orense, Instituto de Estudios Orensanos "Padre Feijoo", Artes Gráficas Galicia, 1972; 25x18, retrato, 770 pp, 5 hh, 13 láminas.

Creo que la transcripción de ambas misivas es suficiente para enriquecer la memoria de Otero como hombre bueno y generoso. Ambas son de noviembre del año 1963

Un cortés ofrecimiento

"Trasalba 17 de noviembre de 1963

Sr. Dn. Salvador González Crespo. Orense. Muy señor mío y querido amigo: los trabajos preocupaciones y perezas con una estancia de 10 días en Madrid donde improvisadamente dI en el Centro Gallego una conferencia sobre la Vida del Padre Feijoo, no me dejaron hasta hoy corresponder a su amable carta de hace ya un mes en la que Vd. me promete una visita en Orense. Será de mi mayor gusto y enseñanza conversar con Vd. Para el viernes quizá y desde luego el sábado estaré en Orense, D.m. pues el mismo sábado tengo en el Orfeón una conferencia de tema "Época del padre Maestro Feijoo". Deseando conocer el estudio feijoniano de Vd. le saluda con todo afecto su atento amigo y s, q.b.s.m. Ramón Otero Pedrayo"

Anotaciones sobre Feióo

Debió existir el encuentro y Don Salvador le entregó su trabajo. Con generosidad le dedicó tiempo Don Ramón a su detenida lectura y fruto de ello es la segunda y valiosa misiva que llena de bondad y de erudición dice así:

Trasalba Orense 27 de noviembre de 1963. Sr Dn. Salvador González Crespo. Orense.

Muy señor mío y distinguido amigo: Muchas gracias por el favor de prestarme su hermoso estudio sintético y de mucho fruto sobre el padre Feijoo. Lo he leído con verdadero agrado. Hoy pienso bajar sólo por día y medio a Ourense. Si no manda Vd. retirarlo en ellos lo dejaré en el primer piso. Yo no tendré ocasión de llevárselo a Vd, como hubiera querido porque llevo a Orense muchas ocupaciones.

He estudiado hace bastantes años con alguna extensión y profundidad a nuestro monje, sobre todo en sus ideas y en sus conexiones filosóficas. Siempre me extrañó que entre tantos comentarios nadie hubiera entresacado de la densa y afectuosa obra del P.M. por lo menos y fácilmente estos tres estudios: Oviedo en el siglo XVIII, una visión clara y viva como de pocas ciudades se podría obtener; una galería de caracterizaciones de grandes filósofos (Aristóteles, Bacon , Descartes Leibnitz, Gassendi entre ellos); un horizonte literario de la época a través de los prologuistas y autorizantes. Y un hermoso tractado "De amicitia" digno de parangonarse en la sustancia con el ciceroniano.

Mi trabajo se perdió en el famoso incendio de Samos sin que el concurso que lo motivó se hubiera resuelto. Ahora desde hace apenas un mes, me dedico a reconstruirlo con nuevas lecturas y la parte, desordenada y confusa del manuscrito. Es trabajo penoso, pero también satisfactorio. Nunca me han convencido hasta el límite los conceptos al uso sobre el padre Maestro. Contienen verdad, pero sólo una parte de la verdad. Creo, sin ser erudito y sin un buen lector en un Feijóo más alto y sutil, más elevado a fuerza de fracasos entre los que se formó su verdadero camino. Yo tengo desarrollado en conferencias sin eco. Tal vez pueda madurarlo en un estudio aplicado. En el de usted observo algunos descuidos o que me parecen tales. Como amigo y para mejorar las páginas de usted me permito indicarlos: No puede decirse que en Allariz estudió gramática y filosofía. Pudo ser retórica en vez de filosofía. El mismo se refiere en su niñez a unas pocas y malas lecciones de retórica enseguida olvidadas. Aprendió un poco a puntear la guitarra. Lo de San Esteban de Ribas del Sil está muy oscuro. Nunca hizo oposición a cátedra de artes en Oviedo y si a las de Teología (la de Santo Tomás en 1710; la de Escritura en 1721; la de Vísperas en 1724; jubilado en la última volvió a ponerse y a ganar la de prima, la más ilustre de la Facultad y sólo la explicó dos cursos de 37 al 39). El padre Maestro no previó la caída del Antiguo Régimen, creía en la fortaleza y derecho de la monarquía absoluta y si en el fondo gustaba de un republicanismo platónico o más bien estoico - recuerde su alegato tan curioso en defensa de Pompeyo y su pasión por la "Farsalia" era un desahogo inoperante. Lo de Luis XIV en el Parlamento -el parlamento de París, institución judicial y reaccionaria como otros de Francia - no está probado. Poco o nada conoció de las de los excesos del XVIII, tuvo una idea parcial de Voltaire por el inocuo "Carlos XII" y pasó de refilón y sólo conociéndole por referencias un escrito de J. J Rousseau del que ni aún supo el nombre. En lo esencial es el padre Maestro hombre quizá más del XVII. Menéndez Pelayo, como usted observa es vago sobre Feijoo en algunas páginas importante y absurdo e inexplicable la caracterización de precursor del romanticismo que en alguna ocasión propone. Francisco de Moure el famoso escultor no es orensano sino compostelano como demostró hace mucho con ejemplar imparcialidad don Cándido Cid.

Todo ello no es nada comparado con la riqueza y densidad el estudio de Vd. que desearía ver pronto dignamente editado. Y a propósito he conocido a muchos panegiristas del P.M; a don Marcelo Macías con profunda intimidad, a Marañón, a Millares en mis juventudes del Ateneo, a Salinas en varios tiempos, precioso estudio en la "Revista de Occidente", a Miguel Morayta, mi catedrático de Historia Universal en el viejo caserón de la calle de San Bernardo y hasta a don doña Emilia Pardo Bazán muy amiga de mi padre q.e.p.d.

Le reitero mi agradecimiento. Espero con ayuda de mis amigos de la soledad de esta aldea rehacer mi estudio para mi muy querido.

Siempre de Vd afectísimo amigo y servidor que b.s.m. Ramón Otero Pedrayo.

(*) Delegado de patrimonio de la diócesis y archivero de la Catedral

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