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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

EE UU sustituye las cañoneras por la guerra económica

A la hora de forzar la voluntad de otros países, los Estados Unidos de Donald Trump han optado por sustituir la política de cañoneras de las administraciones del pasado por la guerra y el chantaje económicos, que suscitan menos oposición en casa.

Da igual que se trate de enemigos o de los que sigue considerando oficialmente aliados, el autócrata de la Casa Blanca no duda en recurrir a las más duras sanciones contra los países que se le resisten en un intento de imponerles su voluntad.

Apoyado siempre en su poderío militar, que está siempre ahí para el caso de que sea necesario, Washington se interfiere en la política de otros Estados cada vez que lo considera oportuno para la defensa de sus más egoístas intereses comerciales.

Basta repasar lo que contaba el otro día en sus páginas internacionales un periódico de referencia: EE UU, titulaba su información el diario madrileño, presiona desde España a la UE para excluir a la empresa china Huawei de las redes 5G.

El número dos del Departamento de EE UU, que amenazó en la Conferencia de Seguridad de Múnich a sus aliados con dejar de compartir con ellos la información obtenida por sus servicios de inteligencia, ha emprendido una gira europea para advertirles de las consecuencias negativas que tendría usar la tecnología china de última generación como están tentados a hacer muchos de ellos.

Y ello mientras EE UU amenaza con nuevos aranceles sobre el aceite, el vino y el queso españoles, sectores ya golpeados por anteriores represalias comerciales de Trump, que no oculta su enfado por la decisión de algunos países europeos, entre ellos Francia y España, de aplicar, aunque con efecto retardado, un impuesto cada vez más urgente a los gigantes tecnológicos como Apple, Google o Amazon.

Al mismo tiempo sigue empeñado el Gobierno de Donald Trump en que sus aliados de la OTAN cumplan el compromiso, indudablemente forzado por las presiones de Washington, de dedicar a gastos militares un 2 por ciento de su PIB, sin que parezcan importar al otro lado del Atlántico las eventuales consecuencias sociales de tal medida.

Eso, por lo que respecta a los países que se consideran aliados del "líder del mundo libre", porque el mismo día encontrábamos en las páginas del periódico nuevas noticias sobre la asfixia económica a la que tiene sometidos Washington a naciones cuya política desaprueba como Venezuela e Irán, por citar sólo a dos que parecen importar también mucho a nuestra derecha.

Así, en el caso de Irán - país del que Washington llama "eje del mal"- el Departamento de Estado no ha vacilado en injerirse en sus próximas elecciones al anunciar sanciones contra cinco miembros del Comité de Supervisión Electoral por su veto a candidatos que, en opinión de los norteamericanos, no compartían las "ideas radicales" del ayatola Jameiní.

En cuanto a Venezuela, Washington impuso ya el año pasado sanciones como la suspensión de la venta de petróleo a EE UU, que era su mayor cliente, además de limitar las transacciones de empresas norteamericanas con la estatal Petróleos de Venezuela en un claro intento de asfixia económica para provocar un levantamiento que diese el poder a su favorito, Juan Guaidó.

Convertido en juez universal, EE UU, que se considera a su vez por encima del derecho internacional, no sólo decide lo que deben hacer o dejar de hacer las empresas norteamericanas sino que aplica también sanciones de las llamadas "indirectas" a las de otros países que osen desafiar su prohibición de comerciar con el enemigo.

En el caso de Venezuela y de otros países de su patio trasero - "América, para los americanos"-, EE UU afirma actuar sólo en defensa de la democracia, pero es pura hipocresía que utilice tal argumento un país cuyo actual presidente no duda en bailar feliz la danza de los sables con una de las monarquías más represivas del planeta.

Con una Rusia que se niega a aceptar el papel de potencia regional al que quiso relegarla Barack Obama, una China convertida ya en la segunda potencia económica del planeta, y una Unión Europea que parece entender por fin que el "poder blando" no es suficiente, EE UU ve cómo su mundo unipolar se tambalea. No se resigna y parece cada vez más desesperado.

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