Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Joaquín Rábago.

Hemos terminado sirviendo a los algoritmos

Hemos terminado sirviendo a los ordenadores, los robots y los algoritmos en lugar de ser ellos quienes nos sirvan, opina el matemático Gunter Dueck, que hizo una exitosa carrera en IBM antes de volcarse en el estudio de la digitalización y su impacto en el mundo laboral.

En teoría, la digitalización debería simplificarles a todos las tareas, pero está sirviendo en realidad para que los llamados managers sometan a los empleados a un control opina Dueck en el libro que ha dedicado al tema(1).

Cualquiera que viaje hoy en tren verá continuamente a su lado a gente que tiene delante una tableta o un ordenador portátil con el que contesta a los correos electrónicos que le llegan o termina el trabajo que dejó inconcluso. Se trata de no perder un solo minuto.

En China, explica Dueck en declaraciones al semanario "Der Spiegel" con motivo de la publicación de su libro, hablan del "sistema 996", que significa que se trabaja desde la mañana hasta las nueve de la tarde seis días por semana".

Las tareas rutinarias siguen un proceso similar al de los restaurantes de comida rápida como McDonald's: ya sea en las empresas dedicadas a la expedición de paquetes, ya en los llamados call centers o en el supermercado, los procesos son muy similares. A uno le recuerdan la locura del famoso filme de Charlot "Tiempos modernos".

Los trabajadores están sometidos a constante vigilancia, se miden con la máxima precisión sus prestaciones, son solo ruedas de un gran engranaje. Carecen totalmente de autonomía al punto de que Dueck los califica de "esclavos de esos procesos".

Dueck, que habla en su libro de la "neurosis de la eficiencia", explica que los llamados managers, los expertos en gestión empresarial, están solo obsesionados por incrementar la rapidez de la producción o los servicios que ofrecen, y reducir de paso costes, sin que parezca importarles todo lo demás.

Todo empezó, explica, hace un cuarto de siglo cuando las empresas comenzaron a usar Microsoft Excel o el sistema de cómputo integrado de gestión de software creado por la compañía alemana SAP, herramientas que les permiten optimizar y controlar al máximo los recursos a su disposición.

El problema, para Dueck, es que frente a las indudables ventajas de esos procesos estandarizados, la realidad es que "solo se mide lo susceptible de medición", y "no se puede cuantificar, por ejemplo, la química entre empleados y clientes".

La confianza requiere tiempo, y en lugar de intentar crearla, lo único que interesa es cuantificar con precisión la productividad por semana o mes del trabajador, como si fuera un robot más.

Se obliga, pues, a la gente a concentrarse en las tareas del día al día sin que tenga tiempo para otras cosas, para reflexionar o para crear. Todo se reduce a reglas y normas, lo que acaba impidiendo todo cuanto se salga de las mismas, cualquier innovación.

Al frente de las empresas encuentra uno cada vez menos especialistas -químicos, ingenieros o médicos, por ejemplo-, sustituidos progresivamente por gestores cuyo único interés es aumentar la producción y la competitividad.

Los trabajadores han sido adiestrados para cumplir, sin rechistar, los objetivos que se les fijan y saben que si se atreven a proponer algo diferente y esto les sale mal, se torcerá su carrera profesional. De ahí que la mayoría prefiera apostar por lo seguro.

(1) Heute schon einen Prozess optimiert? Das Management frisst seine Mitarbeiter". (¿Has optimizado ya hoy un proceso? La gestión devora a los trabajadores) Ed. Campus

Compartir el artículo

stats