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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La tregua

Resulta, al menos en apariencia, bien argumentada la explicación que desde el sector agroalimentario gallego se le daba a la ausencia de sus representantes en la protesta que entre otros motivos sobre los precios en origen se extiende cada vez más. Lo que está por ver, a la luz de los precedentes, es si su remisión a lo que pueda aportar la próxima negociación del sector lácteo dará los resultados que esperan sus protagonistas. No va a ser fácil, y quizá por eso Unións Agrarias anuncia para la próxima semana una especie de refuerzo callejero, que es costumbre habitual. Lo que está por ver ahora es hacia qué objetivo concreto -o contra quién- se dirige la movilización, que dará pistas de su interés real.

Conste que las perspectivas económicas no parecen alentar la paciencia rural. Ni tampoco lo hace la actitud del Gobierno central, porque su estrategia apunta a buscar responsables -cuando no culpables- de los problemas en otros ámbitos, sean sus predecesores, los actuales opositores e incluso, como ha hecho ahora, las grandes superficies distribuidoras. Algo que sorprende por su miopía -y más aún en un ministro capaz y valioso como el de Agricultura-, que lleva al error de intentar apagar un incendio provocando otro. A veces funciona, pero es peligroso.

En términos de Galicia, y tras recordar la cita anterior sobre la diferente situación de sus productos agropecuarios y el distinto panorama de las explotaciones, extraña que se haya producido tanto retraso en actuar por el lado sindical. Es cierto que las demandas, en general, no son las mismas aquí que allá, ni siquiera en los precios, pero la circunstancia general de reivindicaciones insatisfechas se da también en este lado del Padornelo. Aunque para algunos hay otro elemento condicionante, como es la afinidad política -con el Gobierno central- de los sindicatos agrarios. Por eso hay que ver a dónde dirigen su movilización las UUAA.

Es cierto que las protestas que se vienen desarrollando en algunas comunidades parecen iniciativa de organizaciones de signo contrario a las que hasta ahora permanecen al margen. Y resulta dudoso, al menos en opinión de quien escribe, que un mundo económico y social tan necesitado de reformas entre en el juego de la partidización en vez de reclamar de la Política -que es otra cosa- soluciones urgentes que no pasan, como tampoco se pueden definir los remedios, por la simpleza de plantear la autocrítica de algunos agentes que operan en el sector.

Así las cosas, y siempre desde un punto de vista personal, resulta buen momento este electoral para que cada aspirante a la gobernanza gallega muestre y explique un formulario de recetas para el rural de este antiguo Reino que no se reduzca como casi siempre a fórmulas genéricas que conducen a poco y que nada resuelven en el corto plazo. Ni en otros, el medio y largo, que se conjugan además con enormes desafíos como el demográfico y el climático. Y que ya va siendo hora de que se afronten con tiempo, recursos e imaginación. Y sin tregua.

¿No??

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