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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los síntomas

Hoy por hoy, con los detalles pendientes del Brexit tan oscuros como siempre y a la vista de la calma con que se toman los gobiernos los reiterados avisos de que la dichosa desaceleración económica está al caer -y los datos de enero que sobre el paro acaba de aportar el INEM son alarmantes también en Galicia- cualquiera podría sospechar que no se lo creen. Y hasta que utilizan el hipotético riesgo como una especie de herramienta para contener el afán reivindicativo que el cambio de gobierno despierta entre sus partidarios e incluso, por contagio, entre los neutrales. Y ahí están las protestas del sector rural en estos días reivindicando algo que "el progresismo les prometió: dignidad.

(Y que no se entienda mal el introito. Al señalar la escasa actividad planificadora que en previsión de los males anunciados despliegan los que deberían moverse no se pretende que alguien pierda la calma. Dedicarse a elaborar proyectos aprisa y corriendo, sin método ni raciocinio, sería peor como remedio que la enfermedad. No resolvería, sino que agravaría, y en ese sentido puede entenderse la cautela -por ejemplo de la Xunta- aunque la reiteración de indicios de que la alarma tiene fundamento debería hacer que espabile quien deba espabilar. Aquí y allá.)

Así las cosas, y dado que la idea de aldea global ha certificado ya su extensión planetaria y confirmado que casi cualquier cosa que ocurra en ella afecta a todos sus habitantes, procede otra reflexión. Se trata de volver sobre la cuestión demográfica y advertir que sus causas y efectos se entrelazan con las posibles soluciones, de tal modo que o se contempla el conjunto o no habrá modo eficaz de plantarle cara. Sin hacerlo, y con una estructura económica débil, como la de este antiguo Reino, no cabe aguardar un horizonte placentero. Y conste que se expone la opinión, personal, sin ánimo de incordiar, desde la conciencia de que es más fácil criticar que hacer. Pero ambas son funciones útiles.

Entiéndase el punto de vista: tampoco se busca asegurar que nada se hace, sino que la calma y sosiego ya no se entienden ante la evidencia de los síntomas. Uno, especialmente significativo: FARO informa de que por primera vez en años, los contratos fijos en Galicia han caído; y por encima de un diez por ciento, además del descenso generalizado que se citó. Y si alguien piensa en que las parejas -las de aquí o las que lleguen de fuera- van a plantearse en serio tener descendencia sin garantías de mantenerla con dignidad -incluyendo vivienda, comida, ropa, enseñanza y demás etcéteras- es que no sabe bien de qué va esto.

Ya puestos, y hablando de incentivos, es de destacar como dato alentador la decisión del Gobierno de aumentar por segunda vez el salario mínimo. Las protestas rurales acusan a esa decisión de provocar más paro pero, si es así, la causa está en la primera de las alzas antes que en la segunda. Que no es para echar cohetes, al igual que ocurrió con el 0,9 por ciento de las pensiones, y no elimina otros síntomas de riesgo como el encaremiento de los créditos o el coste al alza de los servicios. Por tanto obliga a ratificar la urgencia de planificar y no solamente de corregir.

¿Eh?

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