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Antonio Rico

Huérfanos del absurdo

Yo de mayor quiero ser amanecista. No es fácil. Para ingresar en la orden fundada por José Luis Cuerda en 1989 hace falta practicar una de las lógicas más despiadas y rigurosas que ha producido la razón humana: el absurdo. Es cierto que el propio concepto de absurdo es absurdo: carece de todo sentido creer que el ser humano es capaz de obrar careciendo de todo sentido. Nadie crea que es sencillo. Como saben los grandes psiquiatras desde hace un siglo, hay razón sólida en la locura, hay una lógica aplastante en el delirio, por más que se nos presente como la mayor de las sinrazones. Pensarán que lo hace cualquiera. Quizá, pero no olviden que casi nadie puede hacer las cosas que hace cualquiera.

Conozco sesudos doctores, eminencias en sus respectivas áreas científicas incapaces de entender por qué hay una legión de telespectadores que ven cada reposición de "Amanece que no es poco" con el alborozo del que viera salir el sol por primera vez. ¿Es la obra de Cuerda la demostración de que el arte es la expresión de la mayor inteligencia, que alcanzan muy pocos? Conozco fanáticos adoradores de "Amanece que no es poco" incapaces de aprender a sumar quebrados. ¿Es la obra de Cuerda la demostración de que el arte es la expresión de la menor inteligencia, que no superan muy pocos? Para entender que la respuesta a ambas preguntas puede ser afirmativa hace falta ser amanecista. ¿Veis como es dificilísimo?

Y nos hemos quedado huérfanos, huérfanos del absurdo. Carecer de lógica racional supone una grave discapacidad intelectual que llena de problemas la vida cotidiana. Pero carecer de lógica irracional no es menos grave. Quizá no te impide relacionarte con las partes, pero sí con el todo. El cine de José Luis Cuerda es un manual de instrucciones para enfrentarse con los dos lados de la vida: el brillante y el oscuro, y hacerlo en ambos casos con el mismo martillo intelectual. Aunque tiene dos cabezas, Cuerda lo agarraba por un único mango.

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