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Camilo José Cela Conde.

Política

Las querellas contra Torra y Ábalos

Fue una cantinela permanente tanto desde las filas del proceso soberanista como en la operación de asalto al poder de Pedro Sánchez que había que volver a la política como medio de solución de los problemas pendientes, dejando de lado las querellas judiciales. La vuelta a la política en la moción de censura que hizo posible la llegada a la presidencia de Sánchez y se mantuvo en la sesión de investidura última, trámite que terminó con el gobierno en funciones, como se recordará, gracias al acuerdo entre republicanos catalanes (ERC) y socialistas (PSOE y PSC) para poner en marcha la añorada política mediante una mesa de diálogo.

Pero mesa, no la hay -de momento-, y la política de verdad se ha reducido a la subida del salario mínimo poniendo, de paso, en pie de guerra al campo. El resto de las acciones tenidas por políticas se ha reducido a la mentira sin más. O bien mintió ERC por boca de su presidente al asegurar durante el juicio por el proceso soberanista que la declaración de independencia -impuesta a Puigdemont, chantaje por medio, a través de Rufián- había sido una pantomima, o ha mentido ahora, en el Parlament de Catalunya, al asegurar que volverán a hacerlo. Mintió el presidente Sánchez al sostener que no habría mesa de diálogo hasta que existiese un nuevo gobierno en la Generalitat o lo ha hecho al rectificar semejante decisión, bien sensata, tras la vista de Rufián a la Moncloa. Pero ninguna mentira iguala la sucesión de versiones que ha dado el ministro Ábalos de su encuentro en Barajas con la vicepresidenta de Venezuela.

Como consecuencia, ya hay anunciadas dos nuevas querellas del Partido Popular, una contra el todavía presidente -¿o no?- Torra y otra contra el ministro Ábalos. La razón de presentarlas tiene mucho que ver con la política o, mejor dicho, contra la falta de ella porque en ambos casos se han promovido solicitudes parlamentarias. La de la creación de una comisión de investigación que ponga en claro qué relaciones existen entre los gobiernos de Venezuela y España -por lo que hace a las Cortes- y la de la puesta en marcha de una nueva sesión de investidura en el Parlament de Catalunya. Es de hecho la certeza de que ninguna de esas iniciativas superará siquiera la fase de trámite la que lleva a recurrir a la justicia. Con lo que volvemos a la casilla de salida pero con la mala noticia de que la política, con mayúsculas, ya ni está, ni se le espera.

¿Qué cabe hacer cuando la actividad política se reduce a una burla de la estrategia maquiavélica por parte de quienes jamás leyeron ni van a leer a Maquiavelo, incluyendo en la lista a Rajoy, Torra, Junqueras y Sánchez? Puestos a creer en los Reyes Magos, se puede confiar en la llamada a las urnas. Habrá una, pronto o tarde -cuando lo decida Torra-, en Cataluña pero ¿de verdad se cree alguien que su resultado final va a cambiar algo?

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