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Ánxel Vence.

Crónicas galantes

Ánxel Vence

España, capital: Teherán

"¡Gran ganga! ¡Gran ganga!: soy de Teherán", cantaba Imanol Arias en Laberinto de Pasiones, una de las primeras películas de Almodóvar. El estribillo de aquella canción se anticipaba, hace ya casi cuarenta años, al actual desembarco de los iraníes en tierras de Iberia.

Aparentemente enemigos, los dos partidos que han roto el bipartidismo en España coinciden en sus extrañas relaciones de patrocinio con Irán. El gobierno de los ayatolás le dio un programa en su tele de propaganda al actual vicepresidente, Pablo Iglesias; y el principal grupo de la oposición al régimen de los curas persas financió el nacimiento de Vox. Ultraizquierda y ultraderecha españolas parecen tener su punto de encuentro en Teherán.

La nueva política viene de Irán: un país más bien remoto que, sin embargo, ha conseguido poner una pica o dos en Madrid. Lógicamente, el poderío de Estados Unidos sigue marcando los hábitos de los españoles, como los del mundo en general; pero en cuestión de partidos, los ayatolás y sus adversarios son, al parecer, los que de verdad influyen en el renovado mapa político del país.

No es influencia menor, si se tiene en cuenta que el nacimiento de Podemos y de Vox a izquierda y derecha de los dos partidos tradicionales ha convertido a España en una jaula de grillos literalmente ingobernable. No hay constancia de que Ciudadanos mantuviese también contactos con el régimen o la oposición iraní; pero ya se sabe que el partido de Rivera pasó a ser un grupo marginal en el Congreso tras las últimas elecciones. Quizá sus líderes no supieron adivinar el ascendiente de Irán en los asuntos internos españoles y dejaron escapar la ganga.

Se habla mucho de Venezuela, con grave desdoro de los iraníes. Cierto es que los gerifaltes de Podemos mostraron en su día -y todavía hoy- una notable admiración por el régimen de Hugo Chávez que es fácil de rastrear en los vídeos de YouTube. No obstante, es el mucho más lejano Irán el que parece haber intervenido con mayor empeño en la política de España. Los detalles que se van conociendo de su apoyo -incluso financiero- a los dos partidos más extremados de este país invitan a preguntarse por esa extraña influencia.

Irán es, a fin de cuentas, una teocracia gobernada por los ayatolás en nombre del mismísimo Alá que ocupa el puesto 150 entre 167 países por su (bajo) nivel de libertad y respeto a los derechos humanos. En ese mismo índice, España se sitúa entre las únicas 22 "democracias plenas" existentes en el mundo.

Se ignora cómo un régimen de autocracia puede influir hasta tal punto en una de las democracias más avanzadas del planeta; pero estas son curiosidades de una España que, políticamente, sigue viviendo su particular Celtiberia Show.

Malo parece que una potencia extranjera se entrometa en los asuntos de otro país, si bien el caso de los Estados Unidos ya lo admitíamos como inevitable. Pero una cosa es que te vendan, teóricamente, la democracia adobada con el Pato Donald, Halloween o el Black Friday; y otra bien distinta que tu patrocinador sea un régimen de clérigos fanáticos que cuelga a los homosexuales y embosca bajo siete velos a las señoras. Cosas de los votantes que dan voz a Vox y hacen que Podemos pueda gobernar. Gran ganga la de los ayatolás.

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