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Juan José Millás.

Un fenómeno de feria

No es lo mismo tener relato que tener cuento. José Luis Ábalos tiene mucho cuento. El cuerpo narrativo de sus aventuras aeroportuarias es eso, un cuento en el peor de los sentidos de la palabra, como cuando, frente a una historia inverosímil, decimos a nuestro interlocutor:

-¡No me vengas con cuentos!

Cosida y recosida una y otra vez, la fábula de su reunión, o lo que fuera, con la viceministra de Maduro se parece a un cadáver donado para la experimentación a la facultad de medicina. Mil bisturíes han abierto esa patraña y la han vuelto a cerrar, colocando sus entrañas de cualquier manera en la cavidad abdominal. Recuerda también al estado en el que queda una merluza tras haber sido eviscerada por manos inexpertas. Hay novelas que se pudren, que se malogran y a las que conviene permitir que agonicen en paz. No hay mayor crueldad que la supuestamente terapéutica. El ministro debería haberse rendido en el primer capítulo, que comenzaba ya repleto de vacilaciones descriptivas. Para articular materiales contradictorios es necesario poseer un olfato literario del que carece, evidentemente, el titular de la cartera de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. ¿A quién, por cierto, se le ocurriría un ministerio tan largo de nombrar y tan difícil de retener en la memoria? ¿Qué intentaban ocultar, nos preguntamos, detrás de tan numerosas atribuciones? ¿Qué capacidad de síntesis, por Dios, es esa?

En los cajones de los escritores de verdad, y no en los de los "cuentistas", hay cientos de historias fracasadas que jamás verán la luz porque sus autores ejercieron sobre ellas la autocrítica. Ábalos ha sustituido la autocrítica por la caradura, la credibilidad por el aplomo. Cree que basta con no ponerse colorado para transmitir al público sensación de veracidad. Todos los profesores de escritura creativa deberían llevar a sus clases el ejercicio narrativo de freno y marcha atrás inaugurado por nuestro político y mostrarlo a los alumnos como un fenómeno de feria de dos o tres cabezas:

-He aquí una antinovela.

Lo dicho: que confundió tener relato con tener cuento.

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