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Faro de Vigo

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La empresa y el odio

Existe una incompatibilidad manifiesta entre la economía y el odio, dado que la primera basa en la relación constructiva su evolución y por tanto necesita para la ausencia de la incertidumbre, su talón de Aquiles, de la conveniencia y el entendimiento. Por tanto, no funciona sobre la base del odio, que significa antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea (RAE).

Adam Smith, padre de la economía moderna, propugnaba como esencial el egoísmo humano, entendido como el instinto de conservación individual como espoleta dinamizadora del avance económico capitalista, en la medida en que todos tienen un mismo comportamiento creando fuerzas de intereses contrapuestos permiten la generación de la riqueza que determina la evolución económica, porque es en el mercado libre donde los ciudadanos establecen una unión social.

Digo esto del odio, porque en ámbitos cercanos a los socioeconómicos está conviviendo con nosotros el manejo del odio como método de trabajo sociopolítico, de forma que se ha extendido como la pólvora utilizarlo sobre la premisa de que el amor u odio son los que determinan las voluntades políticas y al parecer les va muy bien a quienes de forma cotidiana comunican a sus acólitos y adversarios su ración de odio al contrario de forma reiterada y persistente.

Así, muchos no entendemos como puede construirse una sociedad sobre la base de constantemente hostigar al contrario con mensajes de odio. Como soy de los que creo que la economía ha constituido un factor esencial en el desarrollo humano, por lo que supone de intercambio, de acuerdo, resolución de necesidades y largo etc. llegando incluso a determinar la extensión de la cultura y de las civilizaciones, harían bien los que manejan la herramienta del odio para ver en el funcionamiento económico de oferta y demanda, de bienes, servicios, trabajo, capital, etc. la explicación de por qué las cosas funcionan con el acuerdo y el entendimiento, porque lo que no se desea no se compra y esto está muy lejos de la imposición.

Las empresas viven a diario la resolución de problemas de todo tipo y necesitan para su adecuado funcionamiento valores determinantes, propositivos y asertivos que crean contextos previsibles para poder invertir, desarrollar actividades económicas, creación de empleo y de riqueza, por eso la economía debe dar la espalda a todos los políticos que pasan el día inoculando odio en la sociedad.

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