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Carmen Pérez Novo.

Cirugía genital

La esclavitud de estar guapos y guapas hasta en las partes íntimas

Estamos en la era del declive de la fealdad. Ser fea, o feo, no se lleva. Bajo ningún precio. Las imperfecciones físicas no están de moda. Y tan en serio nos hemos tomado todo lo referente al cuidado de la imagen, que, hoy, lo último de lo último, lo más chic, lo más superguay, es la "cirugía íntima", o sea, una serie de procedimientos quirúrgicos, encaminados a mejorar la estética de los órganos sexuales. Para ellos: implantes testiculares, reducciones escrotales, aumento y engrosamiento del pene.... Para ellas: lipoinfiltraciones y "lifting" púbico o lipoescultura del Monte de Venus, rejuvenecimiento vaginal, inyecciones de grasa o reconstrucción de los labios vulvares, remodelación del clítoris, himenoplastias, liposucciones de cadera? La verdad es que todo esto parece totalmente increíble. Pero, en la actualidad, es lo que hay.

Lo cierto es que estamos ante un mercado que está en alza, y se basa en el sentimiento de que los genitales son feos, algo que hay que esconder, huelen mal, tienen pelo? La pregunta que me hago en estos momentos es ¿por qué llegan las personas, tanto hombres como mujeres, a tomar estas decisiones tan drásticas, sobre su aparato genital? Pues según los expertos, recibimos miles de imágenes al día de personas perfectas e irreales, con el fin de que deseemos un cuerpo, no solo delgado, sino perfecto. ¿Y cual es el resultado? Pues insatisfacción, pérdida de la autoestima, en definitiva, una preocupación exagerada y, a veces obsesiva, por el cuerpo, lo que genera un enorme pesar y sufrimiento, alterando, de manera significativa, las relaciones personales y, en ocasiones, las sexuales.

Y así están las cosas. Porque, hoy, los genitales se enseñan, y para que estén perfectos y a la moda, se depilan, adornan con "piercings", tatuajes y todo tipo de artilugios. Y si algo no está a tu gusto, no tienes por qué sufrir; te lo operas y ya está. Es lo que está de moda. Que, por cierto, nos complica demasiado la vida, porque, en definitiva, no implica otra cosa que el que nos gastemos dinero sin medida. Porque la belleza nunca es algo inocente; siempre parece existir una razón inconfesable, detrás de los cánones que nos obligan sutilmente a entrar por el aro. Y son muchas las personas que pasarán por ese círculo estrecho, intentando, a cualquier precio, ser guapas y guapos y tener los genitales perfectos, anatómicamente, tal como les dictan.

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