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Ceferino de Blas.

El caso Dreyfus para mirarse al espejo

La historia ha vuelto con el caso Dreyfus, ejemplo paradigmático del antisemitismo francés, que ha resucitado Roman Polanski en una memorable película. Se titula "El oficial y el espía", y quien no la haya visto, debe hacerlo.

Para quienes no lo recuerden, o no les suene, el caso Dreyfus comienza con la condena por un Tribunal Militar, a finales de 1894, del capitán del Ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío, por alta traición por espionaje, y haber entregado documentos secretos al Ejército alemán.

La sentencia a cadena perpetua lo confinó en la isla del Diablo, un territorio perdido en la Guayana francesa, para que no pudiera hablar con nadie.

El caso conmocionó tanto a la sociedad francesa como al resto de Europa durante doce años, entre 1894 y 1906.

El hecho más relevante de l'affaire Dreyfus, como se conoció, es el famosísimo artículo de Emile Zola, en el periódico "L'Aurore", titulado J'accuse. Lettre au President de la Republique, en 1898, que desencadena un terremoto político.

Zola acusaba nominalmente a los implicados y aportaba todos los datos de la conspiración por antisemitismo contra Dreyfus.

El caso dividió en dos a la sociedad francesa, pero también a los ciudadanos europeos. ¿Cómo se vivió en Vigo?

Los vigueses conocieron y se implicaron en l'affaire a través de los periódicos. Tanta era la información que recibían y tan complejo el caso que hacía falta recapitular: "para que los lectores puedan seguir fácilmente el curso de esta multitud de procesos y acusaciones recíprocas, hacemos un resumen".

La información toma ritmo desde el primer instante, cuando se anuncia el ceremonial de la degradación del capitán Dreyfus, con el que comienza la película, y no cesará hasta su retorno al Ejército, como comandante, doce años después.

El caso Deyfrus puso a prueba el nivel democrático de las comunidades por la postura que adoptaron ante el mismo.

La viguesa queda clara por los editoriales de este periódico. He aquí un ejemplo.

"Increíble parece lo que está sucediendo en Francia con motivo de la cuestión Dreyfus. Una nación que se precia de culta se está entregando a los más lamentables excesos que dejan muy mal parada aquella pretendida cultura.

Porque no es ya una cuestión de patriotismo sino de justicia lo que se ventila. Se trata de averiguar si el deportado en la Isla del Diablo fue condenado justa o injustamente (?) Pero la inmensa mayoría de los franceses en vez de razonar, vociferan en las calles atropellando a todo el que pretenda que la justicia resplandezca".

Los vigueses conocían perfectamente quien era "el oficial " de la película de Polanski, el coronel Picquart, el militar que con sus investigaciones consiguió revertir el juicio. Siendo jefe del espionaje francés, por su responsabilidad y rectitud, conoció que la sentencia de Dreyfus había sido amañada. El espía era otro oficial.

Cuando lo denunció, al no ser atendido, fue Picquart quien informó convenientemente al editor de "L'Aurore" y a Zola para que escribiera Yo acuso, la carta dirigida al presidente Felix Faure.

Que nadie piense que en Francia se recibió con agrado el Yo acuso de Zola, al contrario. A pesar de ser un genio de las letras, fue aborrecido y zaherido por la inmensa mayoría, incluidos intelectuales y artistas de renombre.Y condenado al exilio.

Donde se recibió con alborozo fue en poblaciones como Vigo, donde la prensa se posicionó de forma clara a favor de Emile Zola, del coronel Picquart -primero enviado a colonias, después expulsado del Ejército y condenado a prisión-, y de Dreyfus, al que consideraban inocente.

Aunque no lo parezca, por la antigüedad del caso -cumple 125 años- y el fondo de la cuestión, la postura ante el judaísmo, l'affaire sigue teniendo valor de referencia. Vigo puede mirarse en el espejo como una sociedad que aprecia los valores democráticos de la libertad de expresión, la defensa de la verdad y la justicia. Frente a la iniquidad, aunque sea en nombre de la razón de Estado.

El caso Dreyfus puede considerarse la prueba del nueve del rigor democrático, y Vigo y la prensa viguesa la superaron con la máxima nota.

Era una época de especial sensibilidad en la ciudad, cuyo comportamiento solidario, a la llegada de los "barcos de la muerte" con los repatriados de la guerra de Cuba, le valió el honor de ser proclamada "siempre benéfica" que luce en el escudo.

No sintieron los vigueses el menor complejo a la hora de mantener las propias convicciones y discrepar de la opinión mayoritaria, pero equivocada, de los franceses, pese a la admiración que siempre despertó aquel país en Vigo.

Por fortuna para Francia, la película tiene un final feliz y ganan los buenos. Picquart y Dreyfus son rehabilitados en 1906.

Georges Picquart retorna al Ejército, es ascendido a general y será ministro de la Guerra de Francia durante tres años. Muere en 1914.

Alfred Dreyfus vuelve a la milicia con el grado de comandante. Como teniente coronel participa en la I Guerra Mundial, en la que es condecorado como Oficial de la Legión de Honor. Muere en París 1935.

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