La primera vez que Beledo exhibió en su magnífico escaparate un gran queso gruyere, la gente no paró de hablar de aquel ejemplar suizo. Baste recordar el peso del ejemplar para hacerse una idea de su magnitud: 120 kilos. Por sus enormes agujeros interiores cabría una camada entera de ratones. Aquellos pontevedreses que pudieron comprarlo, se llevaron su trocito de prueba. Desde entonces, la demanda del queso no dejó de crecer, hasta el punto de que venía una partida directamente desde Suiza varias veces al año.

No obstante, hubo otro queso de leche de oveja, de origen bastante más cercano, Villalón de Campos (Valladolid), que igualmente gozó de un enorme predicamento entre la parroquia de Beledo: el queso de pata de mula.

Denominado así por su forma que recuerda una pata de mula, este queso blanquecino y compacto, ya se hacía en la Edad Media. Después llegó al último rincón de España a través de los maragatos errantes. Al parecer, el primer Beledo fue quien lo trajo inicialmente hasta la feria de Pontevedra. El surtido de quesos del ultramarinos era amplio y no estaba nada mal tampoco el queso cremoso de la Granja Arjeríz (Chantada).