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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las recetas

Sin la menor intención de redactar epístolas morales ni de recorrer el camino de la abstracción, seguramente no estorbará una referencia a alguna de las posibles causas de la lejanía, que se detecta creciente, entre el oficio político y lo que antes se llamaba -sin intención peyorativa- "la calle". Es la que se concreta en la ausencia entre el diagnóstico de los problemas que afectan a la gente del común y las recetas que se dispensan para buscarle remedio. Que no solo no se le explican a los que los padecen, sino que se redactan en secreto entre personajes que buscan más el bien propio que el ajeno y cuidan de garantizarse la supervivencia.

No es un mal exclusivo de quienes ahora gobiernan, sino también de los que lo hicieron antes. Ocurre que, como todo en la vida, hay grados y hoy en día abunda la desfachatez en suplantar a la democracia amparándose en fórmulas que fueron establecidas para fortalecerla y no para burlarla. La desvergüenza con que la extraña pareja Sánchez/Iglesias "resuelve" asuntos claves para el futuro del país en secretos conciliábulos al margen del control parlamentario -que dejan "para luego": de ahí que busquen antes apoyos, por extraños que sean, para asegurar sus "recetas"-.

A todo esto no estará de más repetir lo de "¿y Galicia...?". La respuesta, siempre desde la opinión personal, puede que no satisfaga a todos, pero es medible. Los intereses de este Reino no hallan respaldo: el llamado PSdeG-PSOE ha demostrado ya su condición de mero repetidor propagandístico, sin convicción ni coraje para defender criterios propios aunque los tuviera. En cuanto a la otra parte de la ecuación gubernamental futura, apenas parece un clon de Podemos trufado de un nacionalismo colateral y, en cuanto al BNG, es una gota de arena parlamentaria en un islote nuevo que se llama Grupo "Plural". Poco, o casi nada.

Por lo que a la banda de centro derecha se refiere, el PP está a otras cosas y ni siquiera se acerca al que, en el Presupuesto prorrogado que dejó como herencia, se acordaba de Galicia destinándole menos dinero para inversiones, pero algo. Ciudadanos no existe ni cuenta y Vox, que hace poco descalificaba al presidente Feijóo por "filoseparatista", habla de futuros apoyos, pero hace como el falso amigo, que amaga pero no da pruebas de lealtad. Y nadie hay aquí que pueda afirmar sin guardarse una duda razonable que cuando llegue la necesidad sean gente de fiar.

Esa es la situación de Galicia, al menos desde la óptica personal de quien la describe. Una situación de orfandad política y en cierto modo institucional que hace muy difícil incluso entrar en el entorno de la "iglesia" monclovita en la que se van a despachar los diezmos y primicias para los amigos y correligionarios. Y es que, en el colmo de los males que dibujó Murphy -que patentó aquello de que lo susceptible de empeorar, empeora-, si el que tiene padrinos se bautiza, este antiguo Reino, que carece de ellos como condición previa, se quedará sarraceno. A saber por cuánto tiempo.

¿Eh...?

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