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Las emociones de la crisis

Martha Nussbaum y Jared Diamond, el paralelismo entre los cambios personales y los sociales

Poco a poco, los seres humanos vamos adquiriendo una conciencia cada vez más precisa de que el mundo está envuelto en grandes problemas, algunos de los cuales se muestran ahora con todo su dramatismo, tras una lenta maduración iniciada ya cuando la modernidad daba sus primeros pasos. Las crisis de dimensión histórica como la actual han provocado siempre conmoción en la vida colectiva. En ese trance los individuos nos volvemos vulnerables y tornadizos. Nuestra personalidad, lo mismo que las estructuras sociales, se tambalea. Sentimos inquietud, a la que acto seguido se une la incertidumbre, dos sensaciones que preparan el terreno para la manifestación de emociones y actitudes diversas y contradictorias.

La emoción primordial en la vida, y no solo durante las crisis, que se impone a todas las demás, explica Martha Nussbaum, es el miedo. Atenaza a personas, grupos y sociedades. Puede estar sólidamente fundado o ser el efecto buscado de una manipulación. Es monárquico y absolutista, en la medida que convierte a los demás en esclavos de nuestras apetencias. Pero el miedo, que perjudica la convivencia, se puede transformar en su contrario, la esperanza, confiada y constructiva, de espíritu democrático, afirma convencida la pensadora norteamericana, que toma así distancia de estoicos y cínicos. Su libro, lúcido y útil, facilita algunas pautas para conseguir que la ira, el resentimiento, el asco y otras emociones igualmente perturbadoras muten en actitudes cívicas.

Con el propósito de pertrecharnos de herramientas con las que sortear las dificultades de estos tiempos inciertos, Jared Diamond estudia la respuesta que han dado a sus respectivas crisis históricas seis países en los que ha vivido, además de Estados Unidos, y extrae lecciones. Fiel al método comparativo, del que ha obtenido tan buenos resultados, la originalidad de esta obra radica en el paralelismo que establece entre las veleidosas trayectorias de los individuos y los cambios históricos de las sociedades, resaltando las analogías y las diferencias. Este ensayo no deslumbra como alguno de sus grandes relatos anteriores, pero la exploración que intenta es prometedora.

Tanto Nussbaum como Diamond obsevan cierta continuidad entre las crisis personales y las sociales. Ambos exponen cómo un episodio crítico que vivieron en su juventud les llevó a bucear en el fondo emocional del ser humano para comprender la crisis presente de la humanidad y saber qué hacer. "Pensar cuesta -escribe Nussbaum-; es mucho más fácil temer y culpar". Pero ellos no se rinden. Ofrecen el conocimiento como antídoto con el que combatir la tentación de atrincherarse en una identidad o entregarse a un líder, y poder dominar las bestias que desatan las crisis. Descubrir la emoción de la democracia, que quizá no hemos sabido estimular. Esa es la cuestión.

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