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Pedro de Silva.

"Feliz Navidad"

El asunto de la alegría y la paz navideñas no deja de ser un camelo alimentado con la corriente de alta tensión del consumismo y la de baja tensión de una religiosidad kitsch, pero tiene beneficios colaterales. Por ejemplo, nos ponemos a instalar un belén, o un árbol, a comprar regalos a personas queridas, a ver las lucecitas por aquí y por allá, o simplemente a felicitar las fiestas a la gente con la que nos cruzamos por la calle, como sustitutivo del saludo habitual, y de pronto nota uno que se siente algo mejor. No le pasa a todo el mundo, claro, pues la Navidad tiene también legítimos enemigos irreconciliables, pero a mucha gente sí. Esto quiere decir que, igual que un sentimiento suele producir gestos, los gestos pueden producir un sentimiento. Mi recomendación, una vez que uno sabe que es todo mentira, es cumplir los ritos como si todo fuera verdad, pues a veces lo acaba siendo.

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