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Pedro de Silva.

Política de verdad

En la transición, las primeras elecciones generales fueron en junio de 1977, y las primeras locales en abril de 1979. La razón oficial del desfase fue disponer de un marco legal (la Constitución de 1978), pero la evidente anomalía de mantener casi dos años corporaciones no elegidas obedecía sin duda al propósito de los administradores de la herencia franquista de ir cediendo el poder por tramos, evitando un corrimientro brusco de carga. Pesaba también la memoria de 1931, cuando unas municipales se habían cargado la monarquía. Esto quiere decir tres cosas: que había un temible poder en la sombra, que Franco contó tras su muerte con albaceas muy capaces, y que las fuerzas democráticas sacrificaron objetivos inmediatos en favor de resultados a largo. En la distancia, y visto con ojos cortos, parece un pasteleo indigerible, pero más de 40 años de paz en libertad validan la cocina.

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