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En cualquier batalla, antes de mover las masas hay una escaramuza que sirve para medir fuerzas, como la clasificación para la pole en la Fórmula 1. En todo congreso, de cualquier cosa, es la elección de la mesa. Se trata de una prueba cruel e implacable, en la que se juega poder en estado puro, no el que tiene una finalidad. Hay gente que se hace ilusiones sobre el virtuosismo de su táctica, la honorabilidad del competidor, una elemental clemencia, la coherencia ideológica o el valor de la palabra dada, pero al final se imponen la fuerza de los números, la firmeza de los pactos y la costumbre de poder. El PSOE es partido experto en este tipo de pruebas, en las que jamás se regala nada. De la de ayer resulta, sobre todo, la solidez del pacto en la izquierda y los cables tendidos al nacionalismo. Pero también, en la derecha, cierta bisoñez, y falta de cemento entre sillares y mampuestos.

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